Cuentos Infantiles

¡Me muero de chicle! de Laura Arnedo. Cuento ganador del Concurso de Cuentos Infantiles 2018

¡Me muero de chicle! de Laura Arnedo. Cuento ganador del Concurso de Cuentos Infantiles 2018

Me llamo Mara, tengo siete años y un problema muy gordo: ¡me voy a morir! Lo sé porque me lo ha dicho Alicia, que es la más lista de la clase. Alicia lo sabe todo. Y cuando digo todo, es todo. Cada vez que un profesor hace una pregunta, ella es la primera en levantar la mano y responder cuánto es ocho por cinco, cómo se llama el río más largo de la Península Ibérica o cuáles son las palabras contrarias de frío, noche o alto. La verdad es que me da un poco de rabia que Alicia lo sepa todo, porque no hace más que presumir de ello, los profesores no paran de decirle lo lista que es, y sus padres le compran un montón de regalos cuando nos dan las notas y ella lleva todo dieces. Yo no es que quiera sacar todo dieces, pero bueno, la verdad es que, al menos, me gustaría aprobar siempre las matemáticas, que es la única asignatura que se me resiste. El año pasado, por ejemplo, la suspendí y tuve que estudiar durante el verano. Un fastidio, porque no pude ir al que iba a ser mi primer campamento. ¡Con la ilusión que me hacía! Mi hermano, que tiene once años, ya ha estado dos veces, y siempre ha vuelto contentísimo y contando un montón de aventuras. Así que este año he trabajado muy duro para aprobar las matemáticas.
¡Y lo he hecho! Hoy es el último día de clase y a primera hora nos han dado las notas. ¡Qué alegría cuando he visto que en mi cartilla estaban aprobadas todas las asignaturas! ¡Eso significaba que este verano por fin podría ir a mi primer campamento! ¿Haría muchos amigos? ¿Nos contarían historias de miedo por la noche? ¿Dormiría en la litera de arriba o en la de abajo? ¿Veríamos osos en el bosque? ¿Podría bañarme en el río? ¿Sería la comida más rica que la del comedor del colegio? Así me he pasado toda la mañana, pensando solo en cómo sería el campamento. Lo único que deseaba era que terminase cuanto antes el último día de colegio para ir corriendo a casa y enseñar las notas a mis padres. Se iban a poner muy contentos y, con un poco de suerte, lo celebraríamos cocinando una buena pizza.
Pero las cosas se han torcido bastante y, ahora, de camino a casa, estoy preocupadísima porque creo que otra vez me voy a quedar sin campamento.
¿Por qué? Pues porque me voy a morir, que creo que es algo mucho peor que quedarse sin campamento. Y es que, después de comer, ha ocurrido algo terrible en el patio. Como era el último día de clase, los profesores nos han dado recreo hasta la hora de salida. Así que me he puesto a jugar al futbol con algunos amigos. Estaba yo haciendo de portera, que se me da de maravilla porque paro casi todas, cuando de repente, al intentar frenar el tiro de Ismael, que es el que más goles mete de la clase, he dado un salto tan grande que me he tragado el chicle que estaba masticando. ¡Menos mal que al menos he parado el gol! Ha sido una sensación muy extraña porque he notado como el chicle bajaba por mi garganta, y luego nada. Pero no sé, mi madre siempre me ha dicho que los chicles jamás se tragan, por eso he pensado que acababa de hacer algo un poco peligroso. Así que, mientras todo el mundo me felicitaba por la parada, yo he gritado en alto y muy seria: ¡Parad, que me he tragado un chicle!
Entonces Alicia, que lo sabe todo, y que también estaba jugando al futbol, pero como defensa, ha abierto mucho la boca y poniendo cara de pena ha dicho que me iba a morir porque el chicle se pegaría en mi estómago y que eso era algo muy malo. Yo le he preguntado a Alicia que qué es morir exactamente, y ella me ha dicho, qué raro, que no lo tiene muy claro, pero que a ella el otro día se le murió una tortuga y sus padres la tiraron por el váter. Ismael, el de los goles, me ha contado que su abuelo se murió hace un año y que todos en sus casas estaban tristísimos, sobre todo su madre, y que el día que se murió compraron muchas flores y toda su familia se vistió muy elegante. Él se quedó en casa de unos vecinos porque sus padres habían ido al funeral, que debe ser como una despedida que se hace a la persona que se muere. Desde ese día ya no ha vuelto a ver a su abuelo, pero se acuerda mucho de él y le encantaría volver a pasear juntos por el monte, como solían hacer todos los sábados. Lina, que es la más pequeña de la clase, me ha dicho, creo que, para animarme, que igual morirse no es tan malo porque su hermana mayor se muere de la risa todos los días, o eso dice ella, y se le ve tan normal como siempre. Vamos, que ni la tiran por el váter ni su familia se viste elegante para despedirla.
En fin, que nadie en el patio del colegio tenía claro qué es morir, pero en todo caso, las cosas que me han dicho mis amigos no me dan muy buena espina.
No me hace ninguna gracia que me tiren por el váter, y eso de que mis padres no me vuelvan a ver, pues no sé, aunque a veces son un poco pesados, la verdad es que me daría mucha pena. Aunque, por otro lado, a lo mejor María tiene razón y no es tan malo morirse, pero claro, es que su hermana se muere de risa, no se muere de chicle, como yo, que seguro que es algo mucho más peligroso.
Estoy hecha un lío, la verdad, y no sé qué hacer cuando llegue a casa ¿les digo a mis padres que me voy a morir? Creo que no lo haré porque se pondrán tristes. Recuerdo que un día, mientras cenábamos, el teléfono sonó en casa y lo cogió mi madre. Cuando colgó le brillaban los ojos. No nos dijo nada pero no se terminó las croquetas, que es su comida favorita. Luego, desde mi habitación, escuché que le decía a mi padre que su amigo Juan estaba enfermo y se iba a morir. Así que creo que no les voy a decir nada. Quiero que esta noche cenen bien porque con un poco de suerte, para celebrar mi aprobado, prepararán pizza, que nos encanta a todos, pero sobre todo a mí. No sé cuánto tardaré en morirme. A ver si tengo suerte y al menos lo hago después de cenar.
Mientras camino hacia casa pienso que sería interesante saber cuánto tarda una en morirse, al menos yo así podría organizarme un poco y hacer mis cosas favoritas antes de que mi familia se tenga que vestir elegante para despedirme.
Entonces se me ocurre una idea fabulosa: buscar la palabra ‘morir’ en el diccionario, que es un libro muy gordo que sabe casi tantas cosas como Alicia.
La profesora siempre nos dice que cuando no sepamos qué significa una palabra, la busquemos ahí. ¡No sé cómo no se me había ocurrido antes!
Seguro que el diccionario me saca de dudas.
En cuanto llego a casa, les doy mi cartilla de notas a mis padres, que se ponen contentísimos al ver todos mis aprobados, y subo corriendo a mi habitación.
Cojo el diccionario, lo abro por la eme y recorro con mi dedo un montón de palabras hasta que doy con la que busco: ‘morir´. Tengo el corazón acelerado porque me da miedo que ponga algo muy malo, como que después de tragarte un chicle te mueres antes de llegar a la cena. Pero no, no pone nada de eso.
Lo que dice el diccionario es “Llegar al término de la vida.” Pues vaya, tampoco me aclara demasiado. No dice cuándo sucede ni qué pasa después.
Porque claro, siempre que se despide a alguien es porque ese alguien se va a algún sitio, ¿no? Y entonces, ¿a dónde se va cuando se muere?
La verdad es que empiezo a preocuparme. ¿Es que nadie sabe exactamente qué es morir?
En ese momento llaman a la puerta de mi habitación. Es mi padre, que entra muy sonriente.
— ¿Te apetece ayudarme a cocinar una pizza gigante para la cena? Así celebraremos que has sacado tan buenas notas.
—Vale —digo yo— intentando parece entusiasmada. ¿Podríamos cenar un poquito antes que otros días? Es que tengo muchísima hambre.
Mi padre me dice que claro que sí, que no me preocupe, y yo me quedo un poco más tranquila pensado que así tengo más probabilidades de llegar a la pizza.
—Y mañana — continúa mi padre, tendremos que preparar la mochila para tu campamento. ¿Tienes ganas, no?
Yo respondo que sí, porque la verdad es que nada me haría más ilusión, pero como a la vez estoy asustada porque me voy a morir, mi padre me nota algo raro y me pregunta que qué me ocurre.
— ¿Has discutido con alguna amiga?
— No papá, qué va, no he reñido con nadie…
— ¿Es que no te apetece ir de campamento?
— No, no. ¡Me apetece muchísimo! ¡Es lo que más deseo hacer!
— Entonces ¿qué te ocurre Mara? Te noto preocupada.
Yo digo que no me pasa nada, que es solo que estoy un poco triste porque no voy a ver a algunos amigos hasta septiembre.
—Bueno, es normal —responde mi padre—, pero verás lo bien que lo vas a pasar en el campamento y la cantidad de nuevos amigos que vas a hacer. Y cuando empiece el cole el curso que viene se lo podrás contar todo a tus compañeros de clase.
Al escuchar eso me entran ganas de llorar porque es casi seguro que en septiembre ya me habré muerto, y no podré hacer un nuevo curso ni ver otra vez a mis compañeros ni nada de nada. Así que no puedo aguantarlo más y de repente me pongo a llorar y a hipar desconsoladamente.
— ¡Pero Mara! –exclama mi padre asustado—¿qué es lo que te pasa?
Entonces yo respondo entre sollozos que no va a haber septiembre, ni próximo curso, ni contar mis aventuras en el campamento a mis amigos, porque probablemente tampoco habrá campamento y ni siquiera pizza esta noche.
Mi padre pone ojos de sorpresa y arquea mucho las cejas, como cuando ve los telediarios, y entonces me pregunta que por qué digo eso.
— ¡¡¡Pues porque me he tragado un chicle y me voy a morir!!! –casi grito sintiéndome a la vez muy liberada.
Mi padre entonces hace algo que me deja totalmente desconcertada.
Comienza a reírse como un loco. ¿Pero no era algo malo morirse?
— Perdóname Mara —dice entonces medio aguantando la risa— no debería reírme — pero es que me parece muy divertido que pienses que por haberte tragado un chicle te vas a morir. ¿Quién te ha contado semejante patraña?
Entonces le explico a mi padre todo lo que ha pasado y él me dice que Alicia no debe saberlo todo porque, de lo contrario, sabría también que no te mueres por tragarte un chicle. Que es mejor no hacerlo, vale, pero que desde luego no te mueres si lo haces y que él, a lo largo de su vida, se habrá tragado por lo menos cinco, y ahí está, tan campante. Entonces me da un abrazo fuerte y me limpia las lágrimas y me dice que venga, que vayamos a preparar esa pizza gigante.
Yo de repente me siento tan contenta que creo que voy a explotar de la alegría, pero antes de ir a preparar la pizza hay algo que quiero saber.
— Papá, ¿qué es morir? —pregunto— Es que nadie parece saberlo exactamente, ni siquiera el Alicia o el diccionario.
Mi padre entonces me mira a los ojos y sonríe y suspira a la vez.
— Morir es algo natural, Mara —me dice—. Todos los seres vivos moriremos antes o después, porque no hay nada en la naturaleza que dure para siempre.
¿Y qué pasa cuándo te mueres? —pregunto pensando que tengo que aprovechar y aprender todo lo que pueda sobre la muerte.
— Pues que dejas de respirar, Mara. Y entonces ya no puedes seguir estando con las personas que están vivas porque tampoco puedes hablar, ni escuchar, ni comer, ni nada de nada.
— Entiendo… —digo yo. ¿Es un poco cómo cuándo estás dormida?
— Bueno, sí, un poco así —contesta mi padre.
Y entonces hago una pregunta que me inquieta especialmente:
— ¿Y a dónde vas cuándo te mueres?
Entonces mi padre suspira otra vez y me dice que a eso no me puede contestar porque nadie en el mundo lo tiene claro del todo.
— Pero en el fondo ¿no crees que está bien mantener el misterio?
— Puede que sí — respondo yo mientras pienso en que, precisamente, mis novelas favoritas, son aquellas en las que hay un misterio que resolver.
Aun así, me siento un poco triste. Me da pena pensar que algún día todos nos vamos a morir y que las personas que nos quieren tendrán que despedirse de nosotros. Así que se lo cuento a mi padre.
— Papá, me pone triste pensar que en algún momento tendremos que despedirnos.
— Lo normal es que eso ocurra dentro de muchos, muchísimos años — responde él—. Cuando yo sea muy viejito y ya haya vivido mucho tiempo. No tienes que estar triste porque, como te dije antes, todo en el mundo se acaba antes o después, pero eso no hace las cosas peores. Todo lo contrario. Las hace más valiosas. Por ejemplo —sigue— es lo mismo que ocurre con la pizza, que tanto te gusta, o con el campamento al que vas a ir pasado mañana.
— No lo entiendo —digo yo—. Porque la verdad es que no sé muy bien qué pintan ahora la pizza y el campamento en todo esto.
— A ver, Mara. Me he fijado que cuando hay pizza para cenar te la comes despacito, saboreando cada bocado ¿verdad?
— Sí —contesto—. Es porque no sé cuándo volveré a comerla y porque me gusta muchísimo y… ¡no quiero que se acabe nunca!
— Pues eso es un poco lo que pasa con la vida. Tienes que saborearla bien, y estar contenta de formar parte de ella porque es algo increíble. Algún día se acabará, vale, pero eso es precisamente lo que la hace más valiosa.
— Entiendo —digo yo—. Es un poco como un campamento de verano. Aunque sé que se va a terminar, tengo muchísimas ganas de ir, conocer a un montón de gente y vivir muchas aventuras.
— ¡Eso es! —exclama mi padre muy contento—. Veo que lo has entendido perfectamente. La vida es como un largo campamento en el que vas a vivir muchas experiencias, vas a querer a muchas personas y muchas personas te van a querer a ti. Reirás, a veces también llorarás porque quizá te hagas una herida en la rodilla, te pelees con otra persona, o las cosas no vayan tal y como esperabas, sin embargo, siempre estarás contentísima de formar parte de ese campamento. Porque podrás ver las estrellas por la noche, podrás bañarte en el mar, podrás reírte hasta que te duela la tripa, y, de vez en cuando…
¡también podrás comer pizza! —termina mi padre riendo.
Yo asiento con la cabeza riéndome también. Me siento mucho mejor, tanto que me está entrando un apetito enorme.
— Papá, ¡vamos a cocinar esa pizza!— le digo dando un salto y corriendo hacia la cocina.
Pienso que a partir de ahora saborearé la vida como si fuera mi pizza favorita, que, por cierto, es la de cuatro quesos, y también pienso en las ganas que tengo en ir al campamento. ¡Qué ilusión me hace estrenar mi saco de dormir!
De todos modos hay algo que, ahora mismo, aunque parezca imposible, me hace aún más ilusión que la pizza y que el campamento. Y es que llegue septiembre y empiece el cole de nuevo, para ver qué cara pone Alicia cuando vea que no me he muerto y, entonces, poder decirle “Lo siento Alicia, pero no hay nadie en el mundo que lo sepa todo, ni siquiera tú”.

Currículum literario
 
Laura Arnedo. Nació en Calahorra (La Rioja) en 1982. Se licenció  en Filología Hispánica y en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Salamanca. Desarrolla su labor profesional en el ámbito de la comunicación corporativa. 
En 2012 obtuvo el Primer Premio de Géneros Literarios en los Encuentros de Arte 2012, organizados por el Gobierno de Navarra, con el poemario Elogio de la Sed, que publicó en 2014 con Ediciones Eunate. Se trata de un poemario intimista y simbólico, vertebrado por el concepto de “la sed”.   
Su segundo poemario, publicado en el año 2017, es Historia de los niños luciérnaga (Playa de Ákaba), un libro que gira en torno al concepto de viaje: por un lado el viaje de la vida desde la infancia a la madurez, con las etapas, metamorfosis, y contradicciones que este conlleva y, por otro lado, un viaje interior e iniciático en busca de respuestas.
Recientemente, tras finalizar un máster en Diseño Gráfico, ha puesto en marcha el proyecto ¡Oh capitán, mi capitán! , que aúna poesía y diseño con el objetivo de divulgar la poesía sacando a la calle los versos clásicos más conocidos impresos en objetos de uso cotidiano.
Fue una de las 250 finalistas del IV concurso internacional de microrrelatos de El Museo de la Palabra, en una edición en la que hubo 35.609 participantes. 
Ha sido antologada en la revista La poesía en Navarra en el siglo XXI, de ASNABI (Asociación de Bibliotecarios de Navarra).
Colabora con el Festival Literario Almoradiel Lee,  en el que imparte talleres de poesía para niños. 
Actualmente está trabajando en su primer libro dirigido al público infantil, un álbum escrito e ilustrado por ella misma que  verá la luz en unos pocos meses.
 
+INFO. Decisión del Jurado
http://www.revistaadios.es/noticia/2103/%E2%80%9CMe-muero-de-chicle%E2%80%9D-de-Laura-Arnedo-Lafuente.html

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