domingo, 14 de abril de 2024
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Revista Adiós

Ginés García Agüera


Periodista especializado en cine. Colaborador de "Adiós Cultural" desde el número 1.

CINE | La princesa que quiso ser actriz, la actriz convertida en princesa

17 de febrero de 2024

?'Alteza, tiene una llamada telefónica desde América. Es el señor Alfred Hitchcock'

La princesa que quiso ser actriz, la actriz convertida en princesa

La princesa Grace de Mónaco, nacida Grace Patricia Kelly, está sentada en su sofá favorito, color verde manzana, ojeando una revista ilustrada al lado de un ventanal de la sala de estar principal en el Palacio Grimaldi; mientras, sus hijos Carolina y Alberto, de seis y cinco años de edad, juguetean en el suelo entretenidos con muñecas y cachivaches de construcción. Es primavera, la primavera de 1963, a media tarde, y el espacio está inundado por un sol que convierte estancia y seres en una especie de imagen de tarjeta postal con personas felices. Cuando Grace Kelly oye la voz de su secretaria personal comunicándole que la telefonea su querido amigo Alfred, siente un cosquilleo intenso en su interior y corre hacia el despacho contiguo en el que suele despachar a diario correo y asuntos del Principado; levanta el auricular blanco que hay encima de la mesa de trabajo y saluda a su director predilecto. Después de las palabras de cortesía habituales… qué tal, cómo te va, los niños bien, tu mujer sigue como siempre, etcétera… Hitchcock le espeta a la exactriz: “Te necesito, Grace, estoy preparando una película que se va a titular ‘Marnie la ladrona’. Tienes que interpretarla. El papel está escrito y fabricado para ti. Trata de una mujer con trastornos psicológicos; es cleptómana. Y tu pareja en el rodaje va a ser un chico escocés de nombre Sean Connery; supongo que le conoces, se ha hecho famoso porque ha rodado un par de películas como James Bond”.

La conversación entre el director inglés y la princesa de Mónaco duró unos cuantos minutos más. Grace Kelly le pidió a Hitchcock unos días para responder a su oferta, y este le insistió en que su proyecto tenía que contar con su rubia favorita, con la que ya había trabajado en “La ventana indiscreta”, “Atrapa a un ladrón” y “Crimen perfecto”.

Aquello no pudo ser, a pesar de los deseos de Grace Kelly de rodar esa película y abandonar durante unos meses el Principado; a pesar de que contaba con el consentimiento de su marido el príncipe Raniero, que en un principio vio con buenos ojos que su esposa regresara, puntual y excepcionalmente, a su antiguo trabajo como actriz de la mano del admirado y considerado Alfred Hitchcock, porque vio que ello redundaría aún más en su labor de proyección de esplendor en la hierba y glamour de su pequeño reino de casinos, tenis y automovilismo de lujo. Pero la opinión pública monegasca montó en cólera contra el proyecto. La sociedad y la prensa de Mónaco no podían concebir que su distinguida princesa interpretara a una mujer ladrona, desquiciada mentalmente, y encima que se echara en brazos, besara y retozara en la cama con un maromo de las características físicas del seductor y deseado Sean Connery. Finalmente, “Marnie la ladrona”, como es bien sabido, fue interpretada por otra rubia también netamente “hitchcockiana”, Tippi Hedren, una bellísima y espléndida actriz que bordó el papel y que también colaboró con Hitchcock en “Los pájaros”. En todo caso, siempre nos quedará la inquietud de saber qué hubiera sido de esa obra con la presencia de Grace Kelly, qué tratamiento actoral hubiera imprimido la princesa en la piel de la cleptómana de Hitchcock.

Años después, el 13 de septiembre de 1982, un labriego de nombre Sesto Leccio, cuidaba, parsimonioso, de su pequeño huerto donde cultivaba fresas, lirios y lavanda, en la Costa Azul, muy cerca de la carretera que unía la residencia de verano de los príncipes de Mónaco con el Principado, cuando vio cómo un vehículo Rover dorado se precipitaba ladera abajo dando varias vueltas de campana hasta caer entre humo y estruendo muy cerca de las fresas de la finca del agricultor. Cuando acudió en ayuda de los ocupantes del coche, asustado por el peligro de explosión del vehículo, constató que en su interior se encontraba la princesa Grace y su hija Estefanía, de 17 años. Al día siguiente, la actriz de películas como “Solo ante el peligro”, “Alta sociedad”, “El cisne” o “Mogambo”, fallecía, con 52 años, en un hospital de Mónaco como consecuencia de las graves heridas causadas por el accidente. Ahora está enterrada dentro del mausoleo de la familia Grimaldi, en el interior de la Catedral de San Nicolás del principado al que ella, dicen, hizo resplandecer como nadie. En su tumba, nunca faltan flores frescas.

Se cumplen ahora 90 años desde que Grace Patricia Kelly nació en la ciudad estadounidense de Filadelfia, en el estado de Pensilvania. Fue actriz. Más tarde princesa. Cierta corte no le permitió continuar con una carrera que podía haber sido aún más brillante. Rodó once películas. Consiguió un Oscar y dos Globos de Oro. Trabajó a la orden de directores como Zinneman, Hitchcock, Hathaway, y Vidor. Y compartió pantalla con gentes como Cary Grant, Gary Cooper, Ray Milland, Alec Guinnes y James Stewart. Este último, con el que la actriz compartió protagonismo en “La ventana indiscreta”, en la capilla ardiente de Grace Kelly, cuyo cadáver aparecía amortajado con una túnica color crema y un velo blanco, dijo: “Amo a Grace Kelly. No porque ella fuera una princesa, ni porque fuera una actriz, ni porque fuera mi amiga, sino porque era la señora más agradable con la que estuve jamás. Grace traía a mi vida una luz suave, cálida cada vez que la veía, y todas las veces que la vi fueron unas vacaciones en sí mismas. Sin duda, la echaré de menos, la echaremos de menos todos. Dios te bendiga, princesa Grace”.

Foto: Sepultura de la princesa Gracia Patricia (Grace Kelly), en el interior de la catedral de San Nicolás de Mónaco.