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miércoles, 29 de abril de 2015

Incineraciones colectivas en Katmandú para despedir a las víctimas del terremoto

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Decenas de cadáveres son incinerados a diario desde el domingo en Pashupatinath, emblemático lugar de cremación de Katmandú, donde las familias aguardan su turno para despedir con los ritos hindúes a las víctimas del terremoto que el sábado azotó Nepal y ha causado más de 5.000 fallecidos. "Normalmente entre seis y siete cuerpos son quemados en este lugar. Sin embargo, debido al enorme terremoto se ha convertido en un lugar muy concurrido y sin sitio disponible para quemar los cuerpos", explica el vecino de la zona Keshav Subedi.
Este maestro de 35 años asegura que ha estado en el lugar de las cremaciones desde el día del seísmo y calcula que al menos 200 cadáveres fueron incinerados sólo entre el domingo y el lunes. En Pashupatinath, el punto más sagrado para el hinduismo en el país, cada cuerpo es quemado sobre una pila de madera en una de las 15 escaleras de acceso al río, adonde se esparcen posteriormente las cenizas de los fallecidos. No obstante, hasta cinco cuerpos son incinerados estos días en una misma hoguera. Vecinos y curiosos observan desde la otra orilla cómo las pérdidas humanas de la tragedia se convierten, una tras otra, en ceniza. Sus familiares se afanan en trasladar hasta el acceso al río los cuerpos que se amontonan en los edificios del recinto, y tienen que esquivar a los ajetreados trabajadores cargados de leña.
Tradicionalmente el hijo varón de la familia se encarga de la incineración y, si no está disponible, lo hará un sacerdote, pues la tradición hindú no permite que las mujeres realicen esta tarea. "Sin embargo, hoy en día y en consonancia con los tiempos que corren se dan algunos casos de chicas que realizan los rituales", puntualizó una persona presente en la incineración.
Según los ritos mortuorios el heredero varón del fallecido debe además guardar luto durante 13 días, tiempo que vestirá de blanco y nadie podrá tocarle. Tampoco comerá carne o sal, ni estará en contacto con la gente. Unas tradiciones que se tornan complicadas de cumplir en momentos en los que gran parte de la población de Katmandú ha abandonado sus casas para instalarse en los centenares de campamentos improvisados que inundan las plazas, parques y paradas de autobús de la ciudad.
Con información de Noemí Jabois para Efe.
 

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