Ángel Becerra, profesor en Huelva, plantea esta hipótesis en su primer libro de relatos que fue presentado el pasado viernes en una iglesia, en la que un cipo funerario demuestra la existencia del personaje que pudo llegar a Niebla desde Jerusalén. " /> 

Claudio Fabato, el testigo de la muerte de Jesucristo que vivió en Huelva

Publicado: domingo, 25 de enero de 2015


Ángel Becerra, profesor en Huelva, plantea esta hipótesis en su primer libro de relatos que fue presentado el pasado viernes en una iglesia, en la que un cipo funerario demuestra la existencia del personaje que pudo llegar a Niebla desde Jerusalén.

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Jesús Pozo

El profesor y escritor onubense Ángel Becerra se ha tirado a la piscina y plantea sin ningún tipo de complejo que un testigo de la muerte de Cristo vivió en Niebla, un pueblo de Huelva. El libro está ilustrado por Segundo Álvarez Moreno, se llama "Recuentos", el primero que escribe Becerra y también el primero que habla sobre el personaje Claudio Fabato que, al parecer, existió y del que hay evidencias en el pueblo andaluz. En Niebla hay un cipo funerario en la iglesia de Santa María de la Granada, datado en el siglo II después de Cristo, más o menos.
Según ha contado el autor durante la promoción de su libro, en el pueblo también existió un templo con altar dedicado a la diosa Minerva, que luego fue templo visigodo, y que ahora es la iglesia católica de Santa María, en la que presentó el libro el pasado viernes.
En esa iglesia es en la que aparece el nombre de Claudio Fabato, el supuesto testigo de la crucifixión de Cristo. El tal Fabato tuvo que ser alguien importante porque, según Becerra, también tiene una lápida en un pueblo cercano a Roma, Rignano Flaminio. El profesor onubense juega con la hipótesis de que fuera un decurión en Niebla. Un decurión era un profesional que dirigía una especie de pelotón de treinta jinetes, más o menos.
La existencia del decurión Fabato está documentada desde 1934 por un cura del pueblo que publicó un libro en el que aparece una carta de un decurión romano de Jerusalén a otro, al parecer su pareja, que vivía en Niebla. Y en esa carta es en la que se asegura haber sido testigo de la crucifixión. También explica Becerra que el original de la carta no se ha encontrado, pero su contenido sí está recogido en libros de dos notarios, Jerónimo de la Fuente y Alonso Avendaño, que lo tradujeron del latín al castellano.


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