Quince familias palestinas viven en el principal cementerio de Gaza

Publicado: martes, 30 de diciembre de 2014

Las pésimas condiciones de salubridad no son el único problema. También hay que lidiar diariamente con las discusiones con los familiares de los difuntos sepultados en el lugar.

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Jalil Keheel nunca imaginó que terminaría residiendo en un cementerio de la ciudad de Gaza, pero este palestino no ha visto otra salida a la cruda situación económica que padece, resultado del último embate bélico que sacudió la franja. De 27 años y con mujer y tres pequeños, este gazano vive en una carpa entre dos tumbas del principal camposanto de la capital, erigida con plásticos de nailon y techumbre de láminas de metal.
Atrás quedó la casa de dos habitaciones que hace apenas medio año era su hogar y el de su prole, una de las 18.000 viviendas de Gaza que quedaron inhabitables en la ofensiva de Israel. Keheel no sólo perdió su residencia, sino todos sus muebles y enseres. Tampoco es el único que vive rodeado de tumbas en Gaza, sino que hay otras quince familias obligadas a levantar rudimentarias construcciones de latón, y sufren severas dificultades, según cuenta en una crónica de Efe Saud Abu Ramadán
Su familia se alimenta gracias a los restos de comida dejada por vecinos del barrio y a las hortalizas y frutas que tiran los vendedores del mercado, que llegan a veces en condiciones que superan la madurez. "He estado viviendo en este cementerio, como ves, en una situación muy difícil", lamenta Keheel, cuyo rostro cubre una poblada barba y su pantalón lo sujeta a modo de cinturón una cuerda de plástico porque no puede permitirse comprarse ropa. "No creo que haya nadie en el mundo que soporte vivir bajo estas condiciones", abunda con pesadumbre.
El camposanto dista mucho de parecerse a aquellos remansos de paz y orden que abundan en Estados Unidos o Europa, comenta este palestino: "Esto no está limpio, está lleno de ratas, insectos, reptiles y perros callejeros, y estos animales son un peligro para mis hijos". A esto se suman las eternas discusiones con los familiares de los difuntos sepultados en el lugar. "Vienen todo el tiempo y me dicen que este no es un sitio para vivir, y yo les digo: 'Dadme un alternativa, ¿dónde debería vivir con mi mujer y mis hijos?', y se quedan callados y se van. Su mujer asegura mientras cuelga en una cuerda entre dos lápidas la ropa lavada de sus hijos, "la vida aquí da miedo, no sólo porque vivimos entre muertos, sino por las serpientes y perros que merodean de noche".
Mohamed Salem, funcionario del Ministerio de Propiedad Islámica apunta que "pese a que el islam prohíbe vivir entre tumbas, su ministerio ha comenzado a ser condescendiente con esas familias que han perdido sus hogares durante la guerra de Israel en Gaza".


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