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Fundación Santa María la Real termina la restauración de la Cueva de San Vicente, un eremitorio del siglo IX en Palencia

Publicado: miércoles, 06 de agosto de 2014


Se trata de una construcción rupestre labrada sobre piedra arenisca muy singular y muy diferente a los edificios típicos del románico, iglesia o monasterio, a los que estamos acostumbrados.

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La Junta de Castilla y León y la Fundación Santa María la Real, a través del Plan de Intervención Románico Norte, han restaurado la Cueva de San Vicente en la localidad palentina de Cervera de Pisuerga, un eremitorio del siglo IX precursor de los actuales monasterios.
La restauración, realizada por los técnicos de la Fundación Santa María la Real, ha supuesto una inversión de 65.000 euros, según ha manifestado a los periodistas el secretario general de la Consejería de Cultura y Turismo, José Rodríguez Sanz-Pastor, que ha visitado la cueva junto al director de la Fundación Santa María la Real, Juan Carlos Prieto. Ambos han subrayado la importancia de este tipo de construcciones, donde vivieron las primeras comunidades monásticas, en la época alto medieval y que son "de suma importancia histórica", asegura el presidente de la Fundación Santa María la Real. De hecho, estos primeros eremitorios monásticos son los primeros restos encontrados de las primeras ocupaciones en la zona del alto Ebro y del Pisuerga y por eso "tienen una extraordinaria importancia histórica en el norte de Palencia, en Burgos y Cantabria", afirma.
En esta zona hay unos 40 eremitorios pero la particularidad de la Cueva de San Vicente, conocida como la cueva de los Moros, es que no está excavada en una montaña como la mayoría, sino que se trata de una cueva horadada en un gran peñasco situado en la mitad de un prado. Es una construcción rupestre labrada sobre piedra arenisca muy singular y muy diferente a "los edificios típicos del románico, iglesia o monasterio, a los que estamos acostumbrados", ha apuntado Prieto.
La Cueva de San Vicente presentaba una serie de patologías que evidenciaban el mal estado de conservación general del hipogeo, debido especialmente a la acción de la climatología y las visitas incontroladas, pudiendo observarse los efectos de la degradación ambiental al tratarse de una ermita de piedra arenisca expuesta. Además se había producido una acumulación puntual de agua en las tumbas y en la parte superior de la cueva, que llegaba incluso al interior, a través de las oquedades.
Las intervenciones realizadas para la restauración del eremitorio han actuado, por un lado sobre la superficie de la cueva, minimizando el impacto de los agentes ambientales, y, por otro, colocando un vallado perimetral con el objetivo de ejercer un correcto control sobre el acceso a la ermita.
Otro elemento relevante de la intervención han sido las obras para la adecuación de su entorno cercano, instalando elementos que ayudan a mejorar la interpretación del territorio, así como poniendo en relación el bien patrimonial con su contexto geográfico e histórico. Pero además se ha realizado una importante labor de concienciación y educación sobre lo que significan este tipo de construcciones y su importancia arquitectónica, histórica y patrimonial.


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