La importancia de la prueba de ADN a un fallecido: tras una rocambolesca historia con robo de cadáveres incluido, una argentina hereda una fortuna

Publicado: sábado, 15 de septiembre de 2012

La mujer se presentó a la Justicia para reclamar lo suyo en agosto de 1999 y exigió un examen de ADN, pero el trámite se complicó porque un mes y medio después de iniciada la demanda la tumba de Otero fue profanada para poner otro cadáver en sustitución del hacendado. El robo y la sustitución se comprobó en agosto de 2006, cuando los exámenes genéticos descartaron vínculos de filiación entre el cadáver hallado en la tumba de Otero y los restos de la madre del hacendado.

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Una jubilada argentina, que cobra unos 641 dólares (494 euros) al mes, se hará con una millonaria herencia después de que la Justicia le reconoció oficialmente como hija de un potentado hacendado que murió hace tres décadas.
Eva Paole, de 72 años, se enteró hace trece años de que podía ser fruto de una relación furtiva de su madre con Rufino Otero, propietario de grandes extensiones de campo en la provincia de La Pampa, en el centro de Argentina. “Ayer me dijeron que soy hija de Rufino Otero y estoy viviendo un momento feliz, por una parte, y triste, por otra, porque he luchado trece años de mi vida ante la Justicia”, dijo hoy la mujer en declaraciones a la agencia oficial Télam.
Eva, quien reside en la localidad pampeana de General Acha, vivió por años creyendo que su progenitor era el marido de su madre, Josefa, quien se llevó a la tumba el secreto del verdadero padre de su hija. Así fue hasta que unos amigos del hijo de Eva le advirtieron hace trece años de un rumor que corría por el puebl ella podría ser hija de Otero.
La mujer comenzó entonces un derrotero judicial, que terminó con pruebas genéticas que acabaron por determinar en 2008 que Eva es en un 99,9 % hija del hacendado fallecido en 1983. Pese a que esa prueba tiene cuatro años, ha sido ahora cuando la Justicia emitió un fallo reconociéndola como válida y ratificando que Paole es hija de Otero. Eva relató que ha tenido que trabajar toda su vida para poder mantener a su familia tras enviudar a los 26 años, ya que a su esposo lo mató un rayo mientras trabajaba en un campo del propio Otero.
Al momento de morir, el patrimonio de Otero, que estaba casado pero no tuvo hijos con su esposa, constaba de 26 campos con un total de 50.037 hectáreas, una quincena de inmuebles, miles de cabezas de ganado vacuno y dos aviones.
La herencia quedó en manos de la viuda de Otero, Elisa Arenaz, quien en 1990, poco antes de morir, legó sus bienes a su sobrino, Darío Hernán Sarasola Arenaz, fallecido en 2007.
Paole se presentó a la Justicia para reclamar lo suyo en agosto de 1999 y exigió un examen de ADN, pero el trámite se complicó porque un mes y medio después de iniciada la demanda la tumba de Otero fue profanada para poner otro cadáver en sustitución del hacendado. El robo y la sustitución se comprobó en agosto de 2006, cuando los exámenes genéticos descartaron vínculos de filiación entre el cadáver hallado en la tumba de Otero y los restos de la madre del hacendado.
“Yo comencé a tener la firme idea que era la hija de Otero cuando robaron el cuerpo en el cementerio”, dijo Eva, quien con el fallo judicial podrá tramitar el cobro de la mitad de la herencia dejada por su padre, calculada en 30 millones de dólares (23 millones de euros). En 2007, una denuncia anónima que llegó a la policía indicó que el cadáver de Otero había sido llevado a un cementerio de Morón, a las afueras de Buenos Aires y fue incinerado. Para constatar la filiación de Paole con Otero se utilizaron los restos de la madre del hacendado, Justina Porras.
La anciana dijo ser una “mujer sencilla”, que nunca pasó “hambre”, pero a quien tampoco nunca le sobró nada e hizo de todo para mantener a su familia, trabajando como costurera, peluquera y hasta como empleada doméstica. “Ahora disfruto la vida de manera humilde, con mis hijos y nueve nietos, y mi vida no va a cambiar. Ésta soy yo y he sido feliz así”, aseguró la mujer a la agencia Efe.


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