Las últimas palabras del compañero del náufrago que pasó más de un año a la deriva en el Pacífico llegan por fin a su madre, tras la promesa del superviviente. Dice que ahora se siente "desahogado" y "tranquilo"." /> 

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domingo, 16 de marzo de 2014

El náufrago cumple su promesa con el compañero que echó por la borda y lleva su último mensaje a la madre

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A la izquierda, Alvarenga cuando fue rescatado. A la derecha, esta semana tras al entregar el mensaje.
 
Jesús Pozo
 
Un pescador llamado Salvador Alvarenga, sale de México a pescar tiburones en diciembre de 2012 y termina un año después a más de 10.000 kilómetros de distancia. Cuando lo recogen y hace sus primeras declaraciones asegura que iba con otro hombre que murió en plena travesía y que tuvo que arrojar al mar. Pero antes de que falleciera le prometió  a Ezequiel Córdova Ríos contarle a la madre, Rosalía Ríos, los últimos momentos de su hijo y las palabras que le dedicó antes de que pereciera en aguas del Pacífico. No es el guión de una película ni de una serie de televisión. La peripecia de Alvarenga ocupó cientos de minutos de televisión y mucho papel Prensa.
"Vengo a México a contarle los detalles a la madre de mi compañero, lo que sucedió con él, para a cumplir las promesas con su mamá, de decirle lo que me dijo para ella el finado", dijo Alvarenga en una improvisada rueda de prensa el viernes pasado en el aeropuerto de Tapachula (Chiapas).
Según informó hace un año la agencia de noticias The Associated Press durante los primeros momentos de conocerse la noticia de que habían rescatado a pescador salvadoreño, el secretario de asuntos exteriores de las Islas Marshall que fue a donde llegó, dijo ser escéptico respecto a la historia de Alvarenga tras reunirse con él: “Suena como una historia increíble y no estoy seguro de creerle. Cuando lo vimos no parecía delgado, como lo están otros sobrevivientes. Una vez que nos comuniquemos con el lugar del que dice venir, tendremos más información".
Salvador Alvarenga aseguró que había sobrevivido comiendo sangre de tortugas, peces y pájaros y cuando dos habitantes del atolón Ebon lo rescataron del mar llevaba solamente un calzoncillo hecho jirones, tenía el cabello muy largo y barba abundante, y no podía caminar por sus propios medios.
En la Universidad de Hawaii, en Manoa, se realizó un estudio de los vientos y las corrientes oceánicas en el Océano Pacífico durante el periodo en que Alvarenga afirmó haber estado en el mar, y sus resultados son compatibles con el relato del náufrago salvadoreño.
Ahora, más de un año después del rescate, el náufrago le contó ayer a Rosalía Ríos, madre de su compañero, que él se ponía a llorar frente a Ezequiel, hablándole, diciendo que no estaba muerto, que sólo estaba dormido. Pero tres días después del fallecimiento optó por echarlo al agua. Dice que ahora se siente "desahogado" y "tranquilo".
La familia de Ezequiel celebrará una ceremonia fúnebre el 31 de marzo próximo, aunque no se sepa con certeza el día exacto en que murió. Rosalía Ríos, sus cuatro hijos y otros familiares compartieron una sopa de gallina con Salvador en El Fortín, en la costa del Pacífico mexicano y según la agencia Efe dijo estar feliz de haber cumplido “con la promesa que hice a mi compañero. No dije mentiras, ya quedo conforme que cumplí con mi promesa", dijo a los periodistas el pescador, que residía en México antes de que se perdiera en el océano.
 
Otros casos de supervivencia
 
En el pasado se han registrado casos similares de supervivencia en alta mar. El 9 de agosto de 2005, tres pescadores mexicanos partieron de un puerto de la costa del Pacífico en su país y, tras quedarse sin gasolina y averiarse su motor, fueron arrastrados por las corrientes mar adentro. Más de nueve meses después fueron rescatados por un atunero taiwanés frente a las Islas Marshall. Sobrevivieron comiendo pescado y aves marinas crudas y bebiendo agua de lluvia, que almacenaban en el fondo de su bote, apoyándose moralmente en la lectura de La Biblia. En 1992, otros dos pescadores de Kiribati, un archipiélago del Pacífico, sobrevivieron 177 días en el mar antes de llegar a Samoa.

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