Los camposantos se transforman en auténticas verbenas. Lo normal es ver familias, como la de la foto de Helen Cook, que almuerzan junto a la tumba de un ser querido para celebrar la festividad de Todos los Santos y Difuntos cuando en Filipinas millones de ciudadanos acuden a rendir tributo a sus antepasados rodeados de música, globos, toneladas de comida, flores y velas. " />

Un cementerio de Manila cachea a sus visitantes para impedir alcohol, armas, líquidos inflamables, cartas de póquer o altavoces el Día de Difuntos

Publicado: sábado, 02 de noviembre de 2013



Los camposantos se transforman en auténticas verbenas. Lo normal es ver familias, como la de la foto de Helen Cook, que almuerzan junto a la tumba de un ser querido para celebrar la festividad de Todos los Santos y Difuntos cuando en Filipinas millones de ciudadanos acuden a rendir tributo a sus antepasados rodeados de música, globos, toneladas de comida, flores y velas.

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Los cementerios de Filipinas se transforman en auténticas verbenas en el día de Todos los Santos, cuando millones de ciudadanos acuden a rendir tributo a sus antepasados rodeados de música, globos, toneladas de comida, flores y velas.
De camino al Cementerio Sur de Manila, a varios minutos a pie de la puerta principal empiezan a verse los primeros puestos de coloridos arreglos y ramos de flores junto a espontáneos que entonan alegres canciones acompañados de una guitarra y ataúdes en los que poder hacerse una foto para recordar tan señalado día.
Un gran multitud se concentra en la entrada del recinto, mientras la Policía registra las pertenencias de los que quieren entrar en él, puesto que no está permitida la entrada de alcohol, armas, líquidos inflamables, cartas de póquer ni altavoces.
Según explica a la colaboradora de la agencia española Efe, Helen Cook ", el gerente del cementerio Sur, Daniel Dan, "Para hoy tenemos previsto que vengan unas 500.000 personas, desde las 6 de la mañana hasta que se ponga el sol”.
El cementerio Sur es uno de los 84 que están distribuidos por la metrópolis de Manila y hoy hay decenas de puestos de pizzas, hamburguesas, cacahuetes y dulces de todo tipo que flanquean la avenida principal del cementerio, por donde circulan bajo un sol de justicia vendedores ambulantes con enormes manojos de globos o pollitos de colores para los niños.
Así es como una gran número de filipinos acude a las tumbas de sus seres queridos a pasar el día, cargados con sillas y mesas plegables, platos y vasos de plástico, e ingentes cantidades de comida, como si de un día de acampada se tratara.
"Hemos estado ocupados preparando la comida desde ayer, y llegamos aquí a primera hora de la mañana, pero hay mucha gente que está en el cementerio desde anoche", explica el manileño Roberto García, de 43 años, que ha acudido junto a toda su familia a visitar la tumba de sus hermanos y abuelas. Mientras ofrece un trozo de tortilla de patata, García cuenta que el 1 de noviembre es un día muy importante para la familia y una de las pocas ocasiones en las que se reúnen todos para pasar la jornada.
"Solemos venir todos a participar en una reunión familiar en la que encendemos velas, dejamos flores y rezamos todo el día por el alma de nuestros seres queridos, para que Dios se los lleve al cielo", comenta entre sonrisas.
La familia de Rose Sarinas, que se dedica al servicio de limpieza de viviendas, le deja además ofrendas de comida y bebida a su difunta madre, por la que rezan cada día de Todos los Santos sin falta. "A mi madre por ejemplo le gustaba mucho la cerveza, y por eso cada 1 de noviembre le dejábamos un poquito como ofrenda", explica.
Es este carácter tan festivo precisamente el que ha llevado este año al Gobierno de Filipinas a desplegar más de 2.600 policías en Manila, además de otros 3.197 efectivos de otras fuerzas de seguridad para tratar de controlar la multitudinaria celebración, tanto dentro como fuera de los cementerios.
Solo en el Cementerio del Sur de Manila, apuntó el gerente Dan, unos 300 agentes habían sido desplegados juntos a decenas de soldados, que controlaban hoy la entrada al recinto y patrullaban la zona constantemente para vigilar que la diversión no desembocara en situaciones violentas.
"La gente se lo pasa muy bien aquí, se relaja mucho, porque son días en los que no tenemos que trabajar", dice Rose, que no acierta a entender porqué en otros países del mundo "la gente está triste cuando va al cementerio".


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