El aventurero Jesús Calleja ha vivido la peor experiencia de su vida cuando la cueva que exploraba en el Cáucaso, la más profunda del mundo, resultó anegada por las aguas, una experiencia "terrible" que, a pesar de su carácter "optimista", le llevó a pensar en "una muerte lenta". También cuenta como “la espeleóloga rusa, una de las mejores de su país, estaba llorando y escribiendo el testamento para los niños".

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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Jesús Calleja tras sobrevivir a la cueva más profunda del mundo: “Soy optimista, pero pensaba en una muerte lenta”

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Foto web jesuscalleja.com

El aventurero Jesús Calleja ha vivido la peor experiencia de su vida cuando la cueva que exploraba en el Cáucaso, la más profunda del mundo, resultó anegada por las aguas, una experiencia "terrible" que, a pesar de su carácter "optimista", le llevó a pensar en "una muerte lenta", dijo el martes a Efe.
Desde el campamento base del programa "Desafío Extremo" (Cuatro), en las inmediaciones de la sima Krúbera-Voronya en Abjasia (región que se separó de la exrepública soviética de Georgia), el alpinista leonés explica en conversación telefónica con Efe que el equipo expedicionario, compuesto por dos expertos rusos y tres españoles, se encuentra "físicamente reventado y tocado psicológicamente".
El equipo del programa buscaba alcanzar la cota de descenso de la cueva más profunda del mundo, 2.197 metros, cuando el pasado martes descargó una gota fría "salvaje" en esa región del Cáucaso, apunta, cuyas montañas, de más de 3.000 metros, actuaron como "un embudo" y llevaron cantidades ingentes de agua hasta las profundidades.
"Cuando estábamos llegando al final, a trescientos y pico metros, oímos un ruido salvaje, parecía que la sima se desmoronaba, estábamos aterrorizados...", ha explicado Calleja (Fresno de la Vega, León, 1965), que señala que su equipo ha pasado estos días "atrapado sin comida, sin posibilidad de rescate y pensando en lo peor".
Después comenzó la lucha, añade, "contra nosotros mismos", para vencer esos momentos de pánico y buscar una salida a través de un sifón, o cueva inundada de agua que hay que sortear buceando, una operación que salvaron con éxito gracias "al entrenamiento, la tranquilidad del equipo y la paciencia y buen hacer del equipo".
"Gracias a todo eso estamos vivos. Lo normal era no haber salido de allí", apunta Calleja, quien se define como "optimista", pero a quien el subconsciente jugaba a veces malas pasadas y se encontraba "pensando en una muerte lenta, no sabía si de hambre, por el agua".
Esos momentos coincidían con otros en los que "la espeleóloga rusa, una de las mejores de su país, estaba llorando y escribiendo el testamento para los niños", explica el aventurero.
Con todo, Calleja destaca que la expedición ha sido un éxito, porque el equipo del programa ha conseguido "hacer algo extraordinario, descender al lugar más profundo de la Tierra y recoger muestras de la vida que hay allí".
"Desafío Extremo" ha obtenido diversos ejemplares de microorganismos conocidos como "extremófilos", no estudiados hasta ahora y en los que está muy interesada la NASA, explica el explorador, porque pueden ser formas de vida que se reproduzcan en otros planetas.
"En ocasiones, se paga un precio muy alto (por ellos)", reconoce Jesús Calleja cuando se le recuerda el caso del fallecido Álvaro Bultó, de quien señala que murió "desarrollando una técnica nueva de vuelo que al final, sin ningún tipo de dudas, le hará falta a la humanidad".
"Aportamos nuestra experiencia deportiva para llegar a lugares difíciles, y la ciencia nos encarga algunas misiones", explica el alpinista leonés.
De la dura experiencia ha aprendido "lo importante de estar arropado por los compañeros y, sobre todo, que la vida es demasiado hermosa como para complicártela con naderías".
Lo primero que hizo al salir de la cueva fue hablar con su familia y abrazar a su hermano, Kike, quien dio la voz de alarma cuando el equipo de fibra óptica con el que los espeleólogos enviaban imágenes y sonido dejó de funcionar.
Asegura que volverá a hacer expediciones de este tipo y advierte que el descenso a la sima de Krúbera-Voronya se preparó "al detalle", aunque es difícil prever "la fuerza de la naturaleza" cuando además "te pilla en el peor sitio posible".
Un lugar al que, según piensa ahora, no volverá en mucho tiempo: "A esta cueva le tengo una cruz puesta", concluye, y explica que su carácter inquieto le hará estar en 20 días "dando caña" para otro desafío.
 
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