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domingo, 19 de noviembre de 2017

Tánger quiere convertir la tumba de su viajero más famoso, Ibn Battuta, en un reclamo turístico

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Tánger quiere convertir la tumba de su viajero más famoso, Ibn Battuta, en un reclamo turístico

Una discreta tumba escondida en el corazón de la medina de Tánger es el único vestigio físico del viajero musulmán más célebre de la Edad Media, Ibn Battuta, en su ciudad natal, decidida ahora a rescatarlo del ostracismo tras décadas de olvido.

Aquí se fundó en 2015 la Asociación Ibn Battuta, un grupo de historiadores y profesionales turísticos que busca promocionar la imagen de un hombre que recorrió más kilómetros que Marco Polo y cuya popularidad, no obstante, palidece en comparación con el explorador italiano. Durante su viaje de casi treinta años, Ibn Battuta viajó de Marruecos a Ceilán y de Rusia a Yemen, se casó varias veces, engendró descendencia en distintos países, sobrevivió a la Peste Negra y ejerció como juez o consejero real. Sin embargo, es relativamente desconocido en Occidente, en parte porque su obra no llegó a Europa hasta el siglo XIX, y en parte por el arraigo popular de otros exploradores europeos de su misma era. "Queremos promocionarlo desde su ciudad porque, si no lo hacemos nosotros, no lo hará nadie", explicó a Efe el presidente y fundador de la Asociación Ibn Battuta, Abdelaziz Benami, cuya intención es "dar más valor a este personaje a nivel internacional"
Por segundo año consecutivo, esta agrupación organizó este mes un festival cultural en torno a Ibn Battuta y "sus valores universales de paz y tolerancia", primer paso hacia su objetivo final: crear en Tánger "un gran museo" en el que "viajar a través de la historia" y evocar "los países y culturas que conoció Ibn Battuta".
 
Crear un museo
 
Para abarcar todo su recorrido, el museo necesitará unas dimensiones considerables; el tangerino atravesó todo el norte de África, exploró a fondo Arabia y Mesopotamia, y se aventuró en el misterioso sudeste asiático. También dio testimonio de civilizaciones tan dispares como la China de los Yuan, los tártaros y sus jinetes nómadas, el legendario imperio de Mali e, incluso, el reino nazarí de Granada, que visitó en 1351.
El viajero, nacido en 1304, que no conservó anotaciones escritas y lo fió todo a su memoria, dictó la crónica de sus andanzas al poeta Ibn Juzayy en 1354 por orden del sultán de Fez, impresionado por sus relatos y especialmente interesado en la información económica y política que proporcionó. El resultado, un enorme manuscrito conocido hoy con los nombres de 'A través del islam' o 'Viajes', constituye el ejemplo paradigmático de la 'rihla', género literario que en la tradición islámica designa la narración de peregrinajes.
Pese a la dudosa veracidad de determinados pasajes en los que la exageración y la fantasía abundan, la obra se considera una fuente histórica rica y valiosa, superior en ciertos aspectos a los textos de Marco Polo, especialmente por su atención al detalle y sus precisas descripciones de las estructuras sociales del momento.
"Marco Polo ha tenido mucho 'marketing'", bromeó Benami, en cuya opinión el italiano "realizó un viaje comercial", en contraposición al cariz más "intelectual" de Ibn Battuta.
Cuando el tangerino partió de Marruecos, en 1325, lo hizo para cumplir con el precepto islámico de la peregrinación a La Meca, y planificó escalas en las más reputadas madrasas del mundo árabe para aprender de los mejores maestros.
En su 'rihla', Ibn Battuta se muestra como una persona fervientemente religiosa, contraria a aquello que consideraba herético o inmoral y cuyas convicciones no cambiaron un ápice pese al permanente contacto con otras culturas.
Al ser nombrado juez en las Maldivas, por ejemplo, Ibn Battuta intentó sin éxito que las mujeres abandonaran la costumbre de exhibir el torso desnudo; aunque admitió "lo agradable que resulta el trato carnal" con las isleñas, su ideal femenino lo hallaría en la ciudad india de Honavar, donde las muchachas "son bellas y castas y se saben de memoria el Corán". Anécdotas aparte, Benami enfatizó la visión de Ibn Battuta como "hombre tolerante" y "gran embajador del islam", alguien que, en estos tiempos convulsos, demuestra que los musulmanes son "gente de paz".
Aunque el viajero tiene presencia en Tánger (da nombre al aeropuerto local, un centro comercial y un estadio de fútbol), estos gestos "no son suficiente" para Benami, según quien un "emblema" marroquí como Ibn Battuta debería tener más protagonismo en la escena cultural de su ciudad natal. Su meta es rescatar de un olvido que comenzó en el propio siglo XIV a un hombre excepcional que desapareció tras dictar su 'rihla'; la fecha exacta de su muerte se desconoce y todo lo que quedó de él fue la pequeña tumba de la medina tangerina, punto de inicio y final de uno de los mayores viajes jamás contados.
Juan Vargas (Efe).

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