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viernes, 27 de octubre de 2017

Derribando muros

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Derribando muros

Crónica del acto celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en el que “Adiós Cultural” entregó sus premios para reflexionar sobre la muerte desde el arte y la cultura
 
Jesús Pozo
Fotos Chema Moya

 
Derribando muros. Esa era la consigna que José Vicente Aparicio, subdirector general de Funespaña, había inculcado en todos los que trabajamos en uno de los actos culturales y artísticos más importante que se celebra en España en torno a la muerte: la entrega de los premios de la revista “Adiós Cultural” que dirijo desde hace 21 años. Tengo que reconocer que me hizo ilusión esta voz desde la empresa para continuar una labor silenciosa y callada que empezamos en un lejano 1996, cuando hablar de la muerte en este país era de raros. Parecía entonces que de la muerte solo podían hablar los curas. Incluso que era un periodismo menor el que hacíamos.
Cuando Aparicio me comentó lo de derribar muros como seña de identidad de esta edición, recordé inmediatamente otro eslogan que funcionó muy bien entre los psiquiatras de los años 80. Se acuñó el “Salta la tapia” como grito de reconocimiento y visibilidad de los enfermos mentales. Saltar la tapia de los psiquiátricos oscuros y cerrados, casi como cárceles, para poder entrar y salir con libertad.
Se trataba de perder el miedo para conocer. Porque el conocimiento nos hace cultos. Y la cultura nos hace mejores personas. Y si somos mejores personas somos más solidarios y más libres en nuestras decisiones.
Circulaba ese pensamiento por mi mente mientras entregábamos el pasado 26 de octubre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid los premios “Adiós Cultural” de Cementerios, Tanatocuentos, Cuentos infantiles y Arte urbano ante un numeroso grupo de personas que abarrotaba la sala Gómez de la Serna.
Se veía venir un día sensible y emocionante. Lo sabíamos por la presencia de la concejala de Cultura de Castro Urdiales (Cantabria), Elena García de la Fuente, sustituyendo a su compañera Patricia Camino. Recogía el merecido primer premio como mejor cementerio de España, ex aequo con el de Sumacàrcer (Valencia). No acudió Patricia Camino, concejala de Turismo, porque había fallecido en un accidente de tráfico una semana antes. La habíamos conocido hace un año, durante el acto de entrega de premios de la tercera edición del Concurso de Cementerios, al entregarle el segundo galardón al mejor monumento en el cementerio de Castro, el de Ballena, en el que ahora está enterrada. Aplauso largo y sentido para Patricia Camino que se fue para Cantabria en la mirada de su compañera.
No fueron las únicas emociones del día. Después conocimos a María Luisa Martínez, hermana de la artista fallecida a la que se dedicó el magnífico monumento levantado en el cementerio de Alcantarilla, en Murcia. Nos contó que ella estaba allí como hermana, como teniente de alcalde del mismo pueblo y como cuarta generación de artistas. Tres en uno para honrar la memoria que su padre, el escultor que creó el monumento que se premió y dedicado a su hermana, fallecida con tan solo 34 años.
Pocos minutos antes, Ana Valtierra, responsable de las páginas que “Adiós Cultural” dedica al arte, nos había hecho reflexionar sobre eso mismo: “El monumento funerario es la memoria de los muertos y la tranquilidad de los vivos para tener algo más allá, para cuando termine la vida terrenal”.
Parecía que Ana Valtierra se había puesto de acuerdo con María Luisa y con Elena para reivindicar la memoria de Patricia y Blanca: “Adiós Cultural lo que ha hecho todos estos años ha sido potenciar estos lugares como memoria colectiva. Así se cumplen los deseos de todos los que construyeron estos monumentos; o para los que se construyeron. Porque querían ser recordados, memorizados, permanecer en el recuerdo”.
Pocos minutos antes, Paco Lobatón, con su tranquilidad jerezana y su reconocible voz por los desaparecidos, también quería estar con la memoria, la sensibilidad y el derribo de muros.
Paco Lobatón nos recordó a Cristina Bergua, una cría que hace veinte años desapareció sin cumplir los 17. También a David Guerrero, aquel “niño pintor” del que no se sabe nada desde hace tres décadas: “En ambos casos las familias se han visto confrontadas ante la necesidad de hacer una declaración de fallecimiento, lo cual supone un conflicto emocional grandísimo porque estas familias jamás han dejado de buscar y jamás dejarán de esperar el retorno de sus seres queridos”, sentenció el presidente de la Fundación QSD Global para las personas desaparecidas. Dijo más Lobatón: “Mientras no haya evidencia de muerte hay esperanza de vida. Por eso siguen en la batalla, pero tienen que declarar el fallecimiento para poder desbloquear sus patrimonios que, además, siempre suelen ser patrimonios humildes. Lo que quiero decir aquí es que hay que erradicar que estas familias, que han pasado por este sufrimiento, además, tengan que pagar más de mil euros en ese trámite para que se publiquen una serie de edictos en los medios de comunicación y en el Boletín Oficial del Estado”.
Paco Lobatón derribando otros muros. Los de la burocracia insensible, la burocracia que no sabe de cultura, ni de monumentos, ni de memoria. La burocracia que solo sabe de burocracia. Anunció que esta va a ser una reivindicación que la Fundación QSD Global va a llevar hasta el Congreso de los Diputados, “porque no hay derecho a que se añada más sufrimiento a un sufrimiento tan grande”.
Le tocó el turno a Joaquín Araújo, portavoz y responsable del premio a la mejor iniciativa medioambiental. Y nos puso, si era posible, aún más sensible la fibra: “Hace unos días, después de dar una conferencia, una señora de avanzada edad vino con un libro mío para que se lo dedicara a Marina. Le pregunté qué le gusta a Marina, para ilustrar la dedicatoria, y la señora solo me dijo: ‘Marina murió ayer’. Dedicarle un libro a una persona que ya no está entre nosotros movilizó instantáneamente la imagen que parecía oportuna para esa dedicatoria: Para Marina, que ya eres transparencia, que nos ayudas”.
Ya sabemos que Joaquín Araújo, naturalista y agricultor, es habitante del campo, pero nos dijo que está convencido de que en dos generaciones los cementerios españoles serán bosques y que cada árbol de esos bosques será una transparencia de las vidas de las personas allí enterradas. La metáfora no puede ser más bella.
Así, Araújo le entregó el premio a la mejor iniciativa medioambiental al alcalde de Teguise (Lanzarote), Oswaldo Betancort, que también reivindicó la transparente recuperación histórica y ambiental de la senda por la que llevaban a los muertos antiguamente hasta el cementerio de su pueblo.
Íbamos terminando el acto bien conducido por nuestra redactora jefa, Nieves Concostrina, y amenizado musicalmente por la maestría de Diego Galaz y Mario Mayoral. Músicos vírgenes en lo funerario que, sin embargo, fueron capaces de derribar el muro musical y demostrar que para celebrar y conmemorar algo relativo a los muertos no necesitamos inexcusablemente a Mozart o Rossini; que también vale un vals, un tango o un bolero. No obstante, lo que más sorprendió a los presentes fue la habilidad de Galaz con el serrucho musical.
Fuimos terminando un acto en el que recogieron sus premios de manos, entre otros, del director general de Funespaña, Ángel Valdivia; Manuel Ángel Hidalgo, jefe de sección del Ayuntamiento de Avilés (Asturias); Roser Caselles, regidora de Cultura del Ayuntamiento de Bolvir (Girona); Amparo Rubiños, jefa de sección del Cementerio de Lugo; Manuel Fanjul, director de publicaciones de la Conferencia Episcopal, y Txema Peláez, alcalde de Sumacàrcer.
Puso el punto final Francisco Marco, presidente de Funespaña, que cerró el acto recordando el trabajo silencioso y constante de todos los ayuntamientos de España, que trabajan para mantener en mejores condiciones cada día sus cementerios. Quiso también recordar el resto de concurso que “Adiós Cultural” convoca y desarrolla a lo largo del año: Tanatocuentos, cortometraje que reflexione sobre la muerte dentro del Festival Visualízame, Cuentos infantiles o de Arte urbano.
Y así, como decía al principio, cumplimos un año más con la misión que José Vicente Aparicio, subdirector general de Funespaña, anunció al principio del acto: “Derribar muros para conseguir normalizar el concepto de la muerte en la sociedad. Porque queremos concienciar, ayudar a exteriorizar sentimientos. Queremos derribar los muros físicos, los tabúes y las barreras emocionales creando herramientas para educar a las generaciones futuras en el valor de la vida integrando a la muerte como parte de su ciclo”.

Más información sobre el Concurso de Cementerios 2017
 
Fotografías del acto en el Círculo de Bellas Artes

De izquierda a derecha, Francisco Marco, Ángel Valdivia, Paco Lobatón, Ana Valtierra y Joaquín Araújo.

De derecha a izquierda, Elena García de la Fuente, Txema Peláez, Oswaldo Betancort, Maria Luisa Martínez y Amparo Rubiños.


Vista general de la sala Gómez de la Serna del Círculo de Bellas Artes.

La música de Diego Galaz (drcha) y Mario Mayoral.


Nieves Concostrina consuela a Elena García de la Fuente. A la izquierda, el alcalde de Sumacàrcer, Txema Peláez.

José Vicente Aparicio, subdirector general de Funespaña.

Francisco Marco, presidente de Funespaña.

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