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Sevilla no olvida a Gustavo Adolfo Bécquer 145 años después de su muerte

Publicado: lunes, 07 de diciembre de 2015


En la tumba del poeta, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, siempre hay flores o mensajes en su recuerdo. El próximo 22 de diciembre se cumplirán 145 años de la muerte. 

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Depositar cartas, notas y poesías se ha convertido en una romántica costumbre de las personas que siguen rindiendo tributo a Gustavo Adolfo Bécquer, de modo que en la tumba del poeta sevillano siempre hay mensajes anónimos que lo recuerdan. Son notas de todo tipo, escritas a mano o en un ordenador, pero todas coinciden en la pasión de las personas que las han escrito por el poeta sevillano, quienes esperan pacientemente a que se abran las puertas del Panteón de Sevillanos Ilustres que se encuentra en el acceso desde la Facultad de Bellas Artes de Sevilla.
Allí, en unos silenciosos pasillos bajo la iglesia de la Anunciación hispalense, se abre a los ojos de los visitantes la zona donde se encuentra la tumba del escritor y su hermano, que se puede visitar por propia iniciativa o contratando una visita concertada previamente por todos sus rincones. Hasta ese lugar llega habitualmente la secretaria de la Asociación Cultural Bécquer, Pilar Alcalá, una mujer que tiene entre sus obsesiones de vida preservar el legado del escritor, y hacer, entre otras cosas, que la Venta de los Gatos, que inspiró una de sus obras más conocidas, deje de ser un lugar abandonado y se convierta en un lugar de culto para los amantes de la cultura en la ciudad.
El próximo 22 de diciembre se cumplirán 145 años de la muerte del poeta, que fue enterrado, como recuerda Alcalá, "en la Sacramental de San Lorenzo de Madrid, y no fue hasta abril de 1913, gracias al trabajo incansable de José Gestoso, que sus restos, junto a los de su hermano Valeriano, fueron trasladados a Sevilla, reposando primero en la cripta de la Anunciación y, desde 1972 en el Panteón de Sevillanos Ilustres". De hecho, recuerda que no vio cumplido el deseo que expresó en la III de las "Cartas desde mi celda": "Cuando la muerte pusiese un término a mi existencia, me colocasen para dormir el sueño de oro de la inmortalidad, a la orilla del Betis, al que yo habría cantado en odas magníficas".
Eso sí, Pilar Alcalá entiende que "se equivocó cuando, en la rima LXXIII, dijo: '¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!', ya que cualquiera que un viernes por la tarde decida abandonar el tumulto de la calles para bajar al panteón comprobará que los sevillanos no olvidan a su paisano, a nuestro poeta más universal".
Para la defensora del legado de Bécquer, las cartas que se siguen dejando en su tumba demuestran que "el poeta sigue haciendo latir acelerados los corazones de todos aquellos que se acercan a su tumba, con las manos temblorosas, y un pálpito en el alma, y es venerado como ningún otro de sus compañeros de panteón". Y es que no solo es una tumba ante la que siempre hay cartas o poesías, sino que "es la única ante la que siempre hay flores, secas y frescas", algo que, según entiende, se explica en que "Gustavo sigue siendo ese poeta al que conocemos en la adolescencia y se queda con nosotros como el mejor amigo, al que acudimos en caso de necesidad".
En su lecho de muerte, como recuerda Alcalá, Bécquer le pidió a su amigo Augusto Ferrán que intentase que se publicasen sus versos -"tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo", le dijo- y así parece que ha sido, porque "sigue vivo en el alma de su ciudad natal, es un vecino más de Sevilla al que acudimos a visitar y a contarle y a pedirle".
Una veneración que no solo se ve en la tumba, sino también en la glorieta de Bécquer, un conjunto escultórico del Parque de María Luisa sevillano en el que muchas personas dejan flores en homenaje al amor e incluso cenizas mortuorias en torno a la escultura del poeta, que forma parte de un conjunto escultórico financiado por los hermanos Álvarez Quintero e inaugurado en 1911.
Fermín Cabanillas (Efe). Foto Efe.


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