Casabermeja
Málaga
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JARDIN BOTANICO FUNERARIO DEL CEMENTERIO SAN SEBASTIAN , LA ALEGORIA DE LA MUERTE
 
 
Introducción
 
El cementerio de Casabermeja representa un excepcional espacio de la “memoria habitada” de  nuestro pueblo . Se trata de un espacio singular , diferenciado  y asociado al duelo y a la tristeza, pero  también  lugar de  y  para una memoria en permanente  transformación, a partir de la cual es posible  trazar la historia de  la población y de l@s vecin@s como seres sociales y culturales. Quizás sea uno de los espacios sociales de mayor confluencia simbólica, a pesar de que en nuestra cotidianeidad  lo situamos al margen. Su valor simbólico tiene tanto una dimensión  material como inmaterial, pues en él convergen diversos significados históricos, sociales, artísticos, artesanales, científicos,  paisajísticos, arquitectónicos, simbólicos, económicos, políticos y de relaciones de poder, así como de diversidad cultural y de tradiciones, usos y costumbres, etc. de una vecindad en relación con sus difuntos, transformados en ancestros, con la importante carga identitaria que esto conlleva.
En este cementerio se concreta, se expresa, se hace visible y cobra vida el patrimonio cultural funerario, entendido éste como todos aquellos aspectos de la cultura relacionados, directa o indirectamente, con la muerte que son relevantes, significativos y forman parte de las señas de  identidad de una sociedad. La concepción del mundo, del más allá, de la historia, las creencias y tradiciones, de los rituales funerarios, la organización y representación de la muerte, de  las expresiones artísticas y musicales, de los trabajos, actividades y profesiones, de los aspectos festivos y convivenciales, así como de la pluralidad cultural y religiosa, forman parte de este universo simbólico y espacial. El acercamiento a este espacio patrimonial debe  hacerse desde  una perspectiva integral, como un todo interrelacionado en el que los distintos elementos que lo componen cobran sentido al ser interpretados dentro del contexto global. Con el nuevo proyecto de Jardín Botánico Funerario seguimos acentuando el maravilloso discurso poético de la muerte en Casabermeja.
 
1.- Breve reseña histórica sobre la configuración administrativa del municipio de Casabermeja, el papel de la iglesia en la configuración urbana del pueblo , las catacumbas de la iglesia como origen del actual cementerio y breve descripción urbanística del Cementerio de San Sebastián.
 
Desde los primeros tiempos del cristianismo fue costumbre enterrarse cerca de las reliquias de los mártires, primero, y en el  interior de las iglesias, después. Siglos de mantenimiento de esta práctica llevaron a una situación insostenible desde el punto de vista sanitario, por lo que Carlos III prohibió, en 1.787, seguir enterrando en los templos, obligando a la construcción de cementerios alejados de las poblaciones.
    
Tras la toma de Málaga por los Reyes Católicos, y para mejorar la seguridad de los caminos, Casabermeja fue repoblada a comienzos del siglo XVI con cristianos procedentes de Extremadura, Castilla y Córdoba, fundamentalmente. Las primeras casas se dispusieron alrededor de la iglesia parroquial, dedicada a Ntra. Sra. Del Socorro. Ésta fue también el primer enterramiento, donde se conserva la bóveda con nichos, que recubrían con unas originales tapas cerámicas dotadas de asideros.
 En 1.786 debía hallarse saturada dicha zona de enterramiento, y el obispo de Málaga, D. Manuel Ferrer y Figueredo, concedió una ayuda de 400 reales para la construcción de un camposanto. Se eligió el cerrillo de San Sebastián, situado en el lado opuesto al camino de Málaga-Antequera, un lugar bien ventilado y alejado del pueblo. Allí existía con anterioridad la ermita de San Sebastián, que de acuerdo con la normativa real quedó convertida en capilla del camposanto.
 Inicialmente fue considerado un cementerio para pobres de solemnidad, puesto que los más pudientes siguieron utilizando la bóveda de la parroquia, hasta que en 1.804 una nueva Real Orden prohibió taxativamente aplicar excepciones; por lo que desde 1.805 todos los enterramientos se realizan en el cementerio, que adoptó el nombre del titular de la ermita y patrón del pueblo, San Sebastián.
Reproduciendo el mismo esquema de crecimiento urbano de Casabermeja, las primeras tumbas se dispusieron en derredor de la ermita y adosadas a ésta. Al ser los primeros enterramientos de gente humilde, consistían en pequeños túmulos de piedras encalados; pero al verse obligados los pudientes a inhumarse en el cementerio, la tipología de tumba empezó a evolucionar, dignificándosecon formas abovedadas de cañón y dotándose de un frontispicio a modo de fachada.
 La orografía muy irregular del terreno determinó que el cementerio creciese, como el pueblo, adaptándose a los desniveles y configurando calles muy empinadas delimitadas por tumbas ante las que se disponen pequeñas terrazas horizontales, trasunto de las “albarrás que se pueden observar en el núcleo urbano.
 
2.-  La arquitectura funeraria del recinto (distintos tipos de enterramientos, el modelo de crecimiento del cementerio, fases de reforma y ampliación, proyectos de futuro,)
Por Resolución de 18 de Marzo de 1980 de la Dirección General del Patrimonio Artístico, Archivos y Museos del Ministerio de Cultura fue incoado expediente de declaración de Monumento Histórico-Artístico al Cementerio de Casabermeja.  No es hasta el 20 de junio de 2006, cuando a propuesta  de la Consejera de Cultura y, previa deliberación del Consejo de Gobierno, y una vez analizados los informes favorables a la declaración emitidos  por el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Málaga, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en Málaga y la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico de Málaga, cuando se acuerda declarar al Cementerio de San Sebastián , Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Monumento.
La configuración actual del cementerio es fruto de un proceso de adiciones y transformaciones que le confiere un claro valor histórico-documental. Se ubica en una posición limítrofe entre lo rural y lo urbano, en una zona de terrenos muy escarpados. Por otro lado, deben reseñarse los valores paisajísticos derivados de su singular emplazamiento, por su configuración general y por formalización de los distintos tipos de enterramientos, realizados a lo largo del tiempo.
El cementerio de San Sebastián se ubica en la zona de la ermita de San Sebastián, al noroeste del casco urbano, lugar alejado de las áreas de cultivo, muy ventilado y con un entorno paisajístico privilegiado. Originariamente fue el lugar de enterramiento de las clases humildes, hasta el año1805 en que se generalizó su uso.
Este se encuentra rodeado por una tapia construida, en su mayor parte, con un muro de poca altura, encalado, rematado con tejas árabes, y escalonado para adaptarse a la topografía del terreno. La portada, fruto de las intervenciones de rehabilitaciones recientes, se construye mediante un vano central de medio punto inserto en un rectángulo y frontón superior. Trasdosados a la portada se disponen dos cuerpos más bajos que conforman sendas loggias porticadas de tres vanos cada una que cierran un espacio central, de forma trapezoidal, denominado plaza de San Sebastián. Desde la entrada se accede a un espacio lineal pavimentado con cantos rodados que conduce hasta la ermita de San Sebastián.
La ermita es de una sola nave formada por tres bóvedas de arista apoyadas sobre pilastras. En el presbiterio se ubica el retablo de San Sebastián, compuesto de un cuerpo de una calle, con hornacina central que alberga la imagen titular, flanqueada con dobles pilastras y entablamento superior que da paso al ático. El exterior presenta una portada construida con líneas muy simples, rematada con un frontón triangular con óculo central coronada por una espadaña, de un solo vano que alberga una campana.
Los nichos fueron instalándose sin modelo prefijado, conformándose a lo largo del tiempo, y produciendo progresivas colmataciones del recinto, atendiendo básicamente a los condicionantes topográficos del terreno. En la zona oeste se disponen principalmente los nichos familiares más antiguos, que además se corresponden con los de mayor valor artístico. Estos nichos presentan gran variedad de formas y tamaños. Son de planta rectangular, y se encuentran adosados unos a otros, cubiertos con bóvedas de cañón de altura variable. En la parte trasera no presentan decoración y en la zona frontal se disponen portadas de muy distintas características formales. Se estructuran con uno o dos cuerpos; la parte baja se corresponde con el espacio cubierto por la bóveda y lleva una puerta de acceso a la misma, tradicionalmente en forma de arco y protegida con una reja de hierro forjado por donde se introduce el féretro. El cuerpo alto se añade para realzar el conjunto y es el lugar donde se coloca la lápida recordatoria protegida por una puerta de vidrio o barrotes, terminando dicho cuerpo en frontón triangular o curvo con variedad de formas coronado con una cruz de hierro forjado de multitud de diseños. Las portadas se encuentran decoradas con todo tipo de elementos clásicos, como pilastras, molduras y frontones, siendo el acabado tradicional a base de enfoscado y pintura de cal blanca.
Al sur se encuentran, en una zona más baja separada por la propia topografía del terreno, los enterramientos a pie de tierra o tumbas tradicionales, señaladas generalmente por piedras blanqueadas y, ocasionalmente, por pequeños túmulos colocados sin guardar ningún orden ni alineación. En esta zona se han ido colocando modernamente nichos individuales sobrepuestos pegados a la tapia exterior aumentando considerablemente el grosor de la misma. Y sobre cuyas tapias y muros florecen cenotafios y frontones triangulares, salpicados de vez en cuando por cipreses de raíces rectas y jardines con rosas, jazmines y margaritas.
 La uniformidad, dentro de la variedad, ha creado un conjunto dotado de gran belleza por la simplicidad de sus formas geométricas y su integración en el paisaje. Los originales enterramientos pueden considerarse una muestra de arquitectura popular, particularmente rica, que refleja elementos adoptados de la arquitectura culta.
El recinto ha sido objeto de varias actuaciones o reformas a lo largo de su dilatada historia; quizá la más integral de todas se llevó a cabo a principios de la década de los ochenta que abordó el tratamiento arquitectónico de la  actual fachada; el atrium de entrada (actual Plaza de San Sebastián), dos loggiasporticadas con tres vanos cada una que encierran el atrium, la pavimentación con cantos rodados de todo el recinto (asimilando la pavimentación que hasta años muy recientes ha tenido el casco urbano del municipio), ordenación de las zonas ajardinadas, y, sobre todo (muy importante) el tratamiento de fachadas y su reposición (la gran mayoría de ellas) a su estado original de encalado o pintura (se trataba de eliminar numerosas “aberraciones” constructivas (revestimiento con azulejos multiformes, construcción de dobles bóvedas, sustituciones de la carpintería metálica , etc) llevadas a cabo, principalmente, a principios de la década de los setenta).
Es a principios de la década de los noventa cuando se aborda el mayor proyecto de ampliación, construyéndose unas 80 nuevas unidades de enterramiento tradicional. En la actualidad, hace un par de semanas, se ha adjudicado un nuevo Proyecto de ampliación que requerirá un delicado tratamiento, ya que se abordará en una zona de especial dificultad orográfica y que, según los informes técnicos previos, colmatará todos los espacios posibles de actuación.
 
OBJETO Y CONTENIDO DE LA INICIATIVA MEDIOAMBIENTAL
El objetivo general del proyecto es la adecuación de las actuales zonas de plantación del recinto y la incorporación de plantas, arbustos y árboles funerarios de los cinco continentes que tengan una marcada simbología funeraria en sus respectivos paises, lo que incorporará un valor añadido al propio recinto y a las numerosas visitas guiadas; Dicha iniciativa se ha concretado con la firma de un Convenio de colaboración entre el Ayuntamiento de Casabermeja  y  el Patronato Botánico Municipal “Ciudad de Málaga” al objeto de acometer una mejora del ajardinamiento del camposanto  y de espacios verdes aledaños al mismo (“Jardín de la Memoria”) con criterios solventes y rigurosos, teniendo en cuenta su singularidad, su historia y su interés cultural y patrimonial; abundando en la idea  de que el concepto de Botánica  Funeraria viene a representar la elevación a la categoría de conocimiento de larga tradición universal, extensiva a todas las culturas, , de expresar el dolor, la honra y la memoria de los difuntos a través de las plantas. El documento técnico se finalizó el 18 de diciembre de 2014 y ha sido redactado por Dña Blanca Lasso de la Vega Westendorp (Responsable del Departamento de Investigación y Divulgación Botánica del Patronato Botánico Municipal “Ciudad de Málaga”). Se prevé que a lo largo del  segundo semestre del año 2015 se pueda  culminar la ejecución material de dicho Proyecto. 
Actualmente dicha Iniciativa se encuentra en la 1ªfase de ejecución. Su desarrollo se ha hecho de manera singular e imaginativa, a través de la figura del Apadrinamiento.
En este sentido se ha pretendido visualizar el concepto de corresponsabilidad de la población frente a este proyecto innovador y se ha ofrecido a colectivos e instituciones municipales, a través de un documento administrativo, la posibilidad de apadrinar un árbol; dicho apadrinamiento conlleva tanto la plantación del ejemplar, como velar por su cuidado y óptimo desarrollo y una aportación económica para los gastos del árbol y la financiación de la placa de cerámica que se colocaría a su pie con el nombre del ejemplar (científico y popular), algunos datos curiosos del mismo relativos a sus usos funerarios y el nombre del colectivo, institución o particular que lo adopta.
Así pues, con fecha 28 de marzo de 2015, se iniciaron las labores de plantación. A tal efecto se dieron cita 24 colectivos municipales (Asociación de mujeres “La Torre”, Centro de Educación de Adultos,  Hogar del Jubilado, Sociedad de cazadores  AMPA Colegio Público, AMPA Instituto de Enseñanza Secundaria,  Peña  Flamenca “Torre Zambra” Grupo de Teatro y Taller de Teatro, Agrupación de Cofradías,  Club de Ajedrez “El Caballo”,  Peña del C. F. Barcelona,  Peña del C.D. Málaga,   Asociación de Amigos del Pueblo Saharahui, Club Deportivo Casabermeja,   Asociación Juntos,   Ludoteca Municipal,  Asociación Española de Criadores de la  Cabra Malagueña,   Asociación Escuela-Taller de Cerámica,  Coro Rociero,  Escuela de Bailes y Tradición Oral de Casabermeja,   Panda de Verdiales,  Coral Campo de Cámara,  Consejo de Participación Ciudadana, Taller  de baile )que, previa firma del documento de apadrinamiento, procedieron a plantar su árbol en  los lugares definidos en el proyecto técnico. Cada representante de los colectivos leyó un texto sobre la importancia medioambiental, social, cultural, patrimonial y artística de los árboles en el desarrollo pleno del municipio.
 
Por tanto, el ámbito de actuación es el propio camposanto y un parque público (José Durán Vargas) adyacente, que se convertirá en el futuro Jardín de la Memoria (la denominación definitiva se hará por el Pleno municipal), donde a través del cual se exaltará visualmente el B.I.C.  y que, entre sus funciones más significativas estaría la de   potenciar todo lo relacionado con el enclave. Proponemos para ello que se fomente el conocimiento de la botánica a través de los árboles, relacionándolos con el culto a la muerte, existentes en numerosas culturas, cultivando las especies más singulares, como cedro, ficus, ginkgo, olivo, tejo, fresno, etc. y alguna palmera.
 Con ello se persigue aumentar la riqueza florística del pueblo, embellecer el paraje (actualmente disminuido), proporcionar un elemento de apoyo visual al cementerio que lo realce y, por último, que pueda servir para realizar actividades medioambientales y culturales, que pongan en valor y fomenten el respeto por el patrimonio cultural e histórico, las tradiciones, las plantas y las culturas de otras partes del mundo.
En la obra que hemos tomado como patrón de estudio, PRINCIPIOS DE BOTANICA FUNERARIA, Barallat proponía reformar la estética de los cementerios, volviendo a la situación primitiva en la que los bosques servían como lugares de enterramiento. De esta forma se pretendía elaborar todo un programa en el que árboles, flores, plantas y lápidas permitiesen una lectura simbólica que calase hondo en el visitante. El tratado de Barallat se convertía, de esta forma, en uno de los trabajos de jardinería más insólitos que podamos consultar, donde se mezclaba la simbología clásica, la tradición popular y el conocimiento de cementerios antiguos y contemporáneos con un autentico manual de jardinería modernista aplicada al camposanto.
Las referencias simbólicas del mundo vegetal vinculadas a la muerte son muy numerosas y están presentes en todas las culturas. Los pueblos que han demostrado mayor cariño por sus difuntos acostumbraban a derramar hojas dentro del ataúd por debajo y por encima del cadáver. Los antiguos celtas, tan vinculados al mundo vegetal, también derramaban flores y hojas sobre el ataúd y, una vez cerrada la tumba, se volvía a cubrir con más hojas y flores.
 En Toscana y Sicilia ha sido costumbre general el cubrir a los difuntos con flores de adelfa. Probablemente fuera esta la razón de que el camposanto Vecchio de Nápoles tuviera, en un lugar privilegiado, un ejemplar de esta flor entre las numerosas muestras de hortensias, amarantos, anémonas de primavera y mirtos floridos. Otros países europeos, como Rusia, tenían por tradición cubrir el ataúd con ramas de pino y abeto.
 
La simbología vegetal de los cementerios
 
La primera parte del tratado de Barallat está dedicado al estudio del significado que los diversos vegetales tienen en los cementerios. No sólo se trata de una estética visual, sino de  una simbología vinculada a los conceptos de vida y muerte, eternidad y resurrección. Como punto de partida, Barallat propone que los colores predominantes en un cementerio deben ser, exclusivamente, dos: el verde de los vegetales y el blanco de las lápidas.

El verde es el emblema de la regeneración primaveral y, por ello, representa la inmortalidad del alma. De esta forma las hojas, según la interpretación de Barallat, deben predominar sobre las flores y los árboles de hoja perenne, cuyo verdor es permanente, sobre los de hoja caduca. La simbología no sólo debe ser visual. El aspecto olfativo también juega un papel destacado. Según Barallat, la fragancia vegetal templa y normaliza las facultades sensitivas. Por ello, se deben escoger aquellos olores que despierten sensaciones propias del lugar.
 Los árboles, las plantas y las flores cultivadas en los cementerios no deben elegirse al azar. Cada ejemplar hace referencia a diversos aspectos sentimentales íntimamente vinculados a vivos y difuntos. De esta forma, sentimientos como la permanencia, la humildad, la inmortalidad, el recuerdo, el amor o el dolor de los vivos ante la pérdida de los seres queridos quedan de manifiesto con la presencia de determinadas plantas.
Entre los árboles típicos en una necrópolis, además del mencionado ciprés, ocupa un lugar relevante la palmera. Su altura y la elegancia de su aspecto hacen de ella un árbol monumental. Se decía que el enterramiento de la Virgen María habían concurrido los apóstoles y que San Juan lo había hecho llevando una palma. Ya en los primeros cementerios cristianos se ha encontrado este emblema junto a otros típicamente cristianos como el crisma, la paloma... El hecho de que una palmera pueda perdurar entre dos y trescientos años es razón más que suficiente, según Barallat, como para hacerla símbolo de la renovación y permanencia, razón por la cual se encuentra en los cementerios.
Otro árbol representativo, siempre dentro del esquema general planteado por el erudito barcelonés, es que el sauce llorón, que simboliza el dolor que en los vivos ocasiona el recuerdo de los difuntos. Su verdor y la ausencia de flores y frutos hacen de él un representante perfecto de la botánica funeraria propugnada por nuestro estudioso.
También pueden plantarse encinas y robles, símbolos de la fuerza relacionada con la permanencia de la vida y la robustez de la fe, aunque esta simbología podría también vincularse al olmo, más apropiado en botánica funeraria porque no produce fruto, por su longevidad y por la facilidad con la que se multiplica.
Vemos que Barallat huye siempre de la presencia de árboles frutales. Las razones son dos; por una parte, se trata de una señal de respeto; por otra de higiene. Desde un punto de vista estrictamente religioso, no tiene ningún sentido la presencia de frutos en un cementerio, lugar de muerte. No debe alardearse de frutos materiales donde debe representarse la esperanza de un fruto inmaterial, la vida eterna. Además, no resultaría muy higiénico consumir frutos producidos en camposantos.
 También conviene huir de plantas espinosas, con la intención de que el cementerio predomine una sensación de tranquilidad, quietud y reposo de espíritu; de plantas venenosas y, muy especialmente, de aquellas cuya sombra es perjudicial, e incluso mortal. De esta forma, quedan excluidos del cementerio el manzanillo, plantas somníferas como la adormidera, el nogal cuya sombra ocasiona dolores de cabeza; la caña de azúcar, cuyas flores son mortíferas, la cicuta, consagrada desde antiguo al mundo infernal; el tejo, cuya influencia dañosa está reconocida, pese a que se han encontrado muestras de su presencia en cementerios griegos y celtas.
En definitiva, presentamos un proyecto muy ilusionante para la población local, que dispondrá de un gran “laboratorio” botánico para que sirva de estímulo medioambiental a las generaciones futuras y como lugar de evocación para nuestros muertos.

Documentación del proyecto:
  
 Enriquecimiento vegetal (1ª parte), pulse aqui
 Enriquecimiento vegetal (2ª parte), pulse aqui
 Fichas de árboles y arbustos (1ª parte), puse aquí
 Fichas de árboles y arbustos (2ª parte), pulse aquí
 Plantacion en Imágenes, pulse aquí
 Planos, pulse aquí
Normativa BIC,pulse aquí