Reus
Tarragona
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Monument dels Pratdesaba A finales del siglo XIX surgen en Europa tendencias arquitectónicas que rompen con los criterios tradicionales y buscan nuevas formas de edificar con miras al siglo XX, que dan gran relevancia a la estética. Este movimiento es consecuencia de la Revolución industrial que ha cambiado por entero la forma de vivir de la población y ha originado un crecimiento de las ciudades, en las que se han ido estableciendo industrias que regentan un número creciente de burgueses. El Modernismo es, pues, un estilo urbano y burgués. Cada país da su denominación a esta nueva tendencia artística, así lo que en España se conoce como Modernismo lo conocemos en otros países como, Art Nouveau, Jugendstil, Sezession, etc.) El desarrollo del Modernismo es fomentado en Cataluña por una burguesía, culta y sensible al arte que ve en esta nueva arquitectura la manera de satisfacer sus ansias de modernización, de expresar su identidad catalana, y de poner de manifiesto de manera discreta su riqueza y su distinción. Fueron más de 100 arquitectos los que realizaron edificios de estilo modernista catalán, destacando entre ellos: Antoni Gaudí, Lluís Domènech i Montaner y Josep Puig i Cadafalch, Jeroni F. Granell i Manresa. Reus, cuna de Gaudí, fue especialmente sensible a esta tendencia artística y en la ciudad se encuentran obras arquitectónicas de importantes artistas de la época. En el Cementerio de Reus se hace patente el Modernismo aplicado al arte funerario en la magnífica sepultura, el “Monument dels Pratdesaba”. Esta sepultura de estética elegante está adornada con motivos florales qué se convierten en los protagonistas del conjunto. Su ejecución data del año 1894, siendo este el primer monumento modernista de la ciudad. El proyecto está firmado por el arquitecto Jerónimo Francisco de Paula Granell y Manresa (Barcelona, 1867-1931) un arquitecto de los que más ha contribuido para que Barcelona, l’Eixample en particular, sea la capital mundial del Modernismo. El monumento funerario se concibe a partir de una cruz griega, el único símbolo cristiano del conjunto, de piedra arenisca y leve alzado desde el nudo de la cruz. Los brazos están completamente esculpidos de forma meticulosa y brillante. Todo el conjunto está decorado con motivos florales: hojas de acanto, piñas de ciprés, pensamientos, flor de la pasión y la más curiosa, quizás, la flor de la adormidera, símbolo del sueño eterno. La decoración floral elegida responde a los gustos ornamentales del Modernismo e invitan a reflexionar sobre lo efímero de la vida y de la riqueza a través de la caducidad de las flores.