Casabermeja
Málaga
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 Breve reseña histórica sobre la configuración administrativa del municipio de Casabermeja, el papel de la iglesia en la configuración urbana del pueblo , las catacumbas de la iglesia como origen del actual cementerio y breve descripción urbanística del Cementerio de San Sebastián.
Desde los primeros tiempos del cristianismo fue costumbre enterrarse cerca de las reliquias de los mártires, primero, y en el  interior de las iglesias, después. Siglos de mantenimiento de esta práctica llevaron a una situación insostenible desde el punto de vista sanitario, por lo que Carlos III prohibió, en 1.787, seguir enterrando en los templos, obligando a la construcción de cementerios alejados de las poblaciones (cementerios extramuros).
    
     Tras la toma de Málaga por los Reyes Católicos, y para mejorar la seguridad de los caminos, Casabermeja fue repoblada a comienzos del siglo XVI con cristianos procedentes de Extremadura, Castilla y Córdoba, fundamentalmente. Las primeras casas se dispusieron alrededor de la iglesia parroquial, dedicada a Ntra. Sra. Del Socorro. Ésta fue también el primer enterramiento, donde se conserva la bóveda con nichos, que recubrían con unas originales tapas cerámicas dotadas de asideros.
    
     En 1.786 debía hallarse saturada dicha zona de enterramiento, y el obispo de Málaga, D. Manuel Ferrer y Figueredo, concedió una ayuda de 400 reales para la construcción de un camposanto. Se eligió el cerrillo de San Sebastián, situado en el lado opuesto al camino de Málaga-Antequera, un lugar bien ventilado y alejado del pueblo. Allí existía con anterioridad la ermita de San Sebastián, que de acuerdo con la normativa real quedó convertida en capilla del camposanto.
    
     Inicialmente fue considerado un cementerio para pobres de solemnidad, puesto que los más pudientes siguieron utilizando la bóveda de la parroquia, hasta que en 1.804 una nueva Real Orden prohibió taxativamente aplicar excepciones, por lo que desde 1.805 todos los enterramientos se realizan en el cementerio, que adoptó el nombre del titular de la ermita y patrón del pueblo, San Sebastián.
    
     Reproduciendo el mismo esquema de crecimiento urbano de Casabermeja, las primeras tumbas se dispusieron en derredor de la ermita y adosadas a ésta. Al ser los primeros enterramientos de gente humilde, consistían en pequeños túmulos de piedras encalados; pero al verse obligados los pudientes a inhumarse en el cementerio, la tipología de tumba empezó a evolucionar, dignificándose con formas abovedadas de cañón y dotándose de un frontispicio a modo de fachada.
     La orografía muy irregular del terreno determinó que el cementerio creciese, como el pueblo, adaptándose a los desniveles y configurando calles muy empinadas delimitadas por tumbas ante las que se disponen pequeñas terrazas horizontales, trasunto de las “albarrás” que se pueden observar en el núcleo urbano.
  La arquitectura funeraria del recinto (distintos tipos de enterramientos, el modelo de crecimiento del cementerio, fases de reforma y ampliación, proyectos de futuro,)
Por Resolución de 18 de Marzo de 1980 de la Dirección General del Patrimonio Artístico, Archivos y Museos del Ministerio de Cultura fue incoado expediente de declaración de Monumento Histórico-Artístico al Cementerio de Casabermeja.  No es hasta el 20 de junio de 2006, cuando a propuesta  de la Consejera de Cultura y, previa deliberación del Consejo de Gobierno, y una vez analizados los informes favorables a la declaración emitidos  por el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Málaga, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en Málaga y la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico de Málaga, cuando se acuerda declarar al Cementerio de San Sebastián , Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Monumento.
La configuración actual del cementerio es fruto de un proceso de adiciones y transformaciones que le confiere un claro valor histórico-documental. Se ubica en una posición limítrofe entre lo rural y lo urbano, en una zona de terrenos muy escarpados. Por otro lado, deben reseñarse los valores paisajísticos derivados de su singular emplazamiento que lo hacen muy fotogénico por la plasticidad de sus imágenes, por su configuración general y por formalización de los distintos tipos de enterramientos, realizados a lo largo del tiempo.
El cementerio de San Sebastián se ubica en la zona de la ermita de San Sebastián, al noroeste del casco urbano, lugar alejado de las áreas de cultivo, muy ventilado y con un entorno paisajístico privilegiado. Originariamente fue el lugar de enterramiento de las clases humildes, hasta el año 1805 en que se generalizó su uso.
Es la calle San Sebastián la que une la población de Casabermeja con el cementerio. Este se encuentra rodeado por una tapia construida, en su mayor parte, con un muro de poca altura, encalado, rematado con tejas árabes, y escalonado para adaptarse a la topografía del terreno. La portada, fruto de las intervenciones de rehabilitaciones recientes, se construye mediante un vano central de medio punto inserto en un rectángulo y frontón superior. Trasdosados a la portada se disponen dos cuerpos más bajos que conforman sendas loggias porticadas de tres vanos cada una que cierran un espacio central, de forma trapezoidal, denominado plaza de San Sebastián. Desde la entrada se accede a un espacio lineal pavimentado con cantos rodados que conduce hasta la ermita de San Sebastián.
La ermita es de una sola nave formada por tres bóvedas de arista apoyadas sobre pilastras. En el presbiterio se ubica el retablo de San Sebastián, compuesto de un cuerpo de una calle, con hornacina central que alberga la imagen titular, flanqueada con dobles pilastras y entablamento superior que da paso al ático. El exterior presenta una portada construida con líneas muy simples, rematada con un frontón triangular con óculo central coronada por una espadaña, de un solo vano que alberga una campana.
Los nichos fueron instalándose sin modelo prefijado, conformándose a lo largo del tiempo, y produciendo progresivas colmataciones del recinto, atendiendo básicamente a los condicionantes topográficos del terreno. En la zona oeste se disponen principalmente los nichos familiares más antiguos, que además se corresponden con los de mayor valor artístico. Estos nichos presentan gran variedad de formas y tamaños. Son de planta rectangular, y se encuentran adosados unos a otros, cubiertos con bóvedas de cañón de altura variable. En la parte trasera no presentan decoración y en la zona frontal se disponen portadas de muy distintas características formales. Se estructuran con uno o dos cuerpos; la parte baja se corresponde con el espacio cubierto por la bóveda y lleva una puerta de acceso a la misma, tradicionalmente en forma de arco y protegida con una reja de hierro forjado por donde se introduce el féretro. El cuerpo alto se añade para realzar el conjunto y es el lugar donde se coloca la lápida recordatoria protegida por una puerta de vidrio o barrotes, terminando dicho cuerpo en frontón triangular o curvo con variedad de formas coronado con una cruz de hierro forjado de multitud de diseños. Las portadas se encuentran decoradas con todo tipo de elementos clásicos, como pilastras, molduras y frontones, siendo el acabado tradicional a base de enfoscado y pintura de cal blanca.
Al sur se encuentran, en una zona más baja separada por la propia topografía del terreno, los enterramientos a pie de tierra o tumbas tradicionales, señaladas generalmente por piedras blanqueadas y, ocasionalmente, por pequeños túmulos colocados sin guardar ningún orden ni alineación. En esta zona se han ido colocando modernamente nichos individuales sobrepuestos pegados a la tapia exterior aumentando considerablemente el grosor de la misma. Y sobre cuyas tapias y muros florecen cenotafios y frontones triangulares, salpicados de vez en cuando por cipreses de raíces rectas y jardines con rosas, jazmines y margaritas.
 La uniformidad, dentro de la variedad, ha creado un conjunto dotado de gran belleza por la simplicidad de sus formas geométricas y su integración en el paisaje. Los originales enterramientos pueden considerarse una muestra de arquitectura popular, particularmente rica, que refleja elementos adoptados de la arquitectura culta.
El recinto ha sido objeto de varias actuaciones o reformas a lo largo de su dilatada historia; quizá la más integral de todas se llevó a cabo a principios de la década de los ochenta que abordó el tratamiento arquitectónico de la  actual fachada; el atrium de entrada (actual Plaza de San Sebastián), dos loggias porticadas con tres vanos cada una que encierran el atrium, la pavimentación con cantos rodados de todo el recinto (asimilando la pavimentación que hasta años muy recientes ha tenido el casco urbano del municipio), ordenación de las zonas ajardinadas, y, sobre todo (muy importante) el tratamiento de fachadas y su reposición (la gran mayoría de ellas) a su estado original de encalado o pintura (se trataba de eliminar numerosas “aberraciones” constructivas (revestimiento con azulejos multiformes, construcción de dobles bóvedas, sustituciones de la carpintería metálica , etc) llevadas a cabo, fundamentalmente, a principios de la década de los setenta.
Es a principios de la década de los noventa cuando se aborda el mayor proyecto de ampliación, construyéndose unas 80 nuevas unidades de enterramiento tradicional. En la actualidad, se está trabajando en un nuevo Proyecto de ampliación  que requerirá un delicado tratamiento, ya que se abordará en una zona de especial dificultad orográfica y que, según los informes técnicos previos, colmatará todos los espacios posibles de actuación.
En cuanto a los proyectos de futuro, el Área de Cementerio, ha priorizado las siguientes actuaciones:
La culminación del Proyecto de Iluminación Artística  (actualmente se ha ejecutado la 1ª fase consistente en la iluminación de la fachada, los jardines de entrada al Cementerio y la fachada de la Ermita San Sebastián).
Igualmente se está tramitando el Proyecto de Jardín Funerario, consistente en la adecuación de las actuales zonas de plantación del recinto y la incorporación de plantas, arbustos y árboles funerarios de los cinco continentes que tengan una marcada simbología funeraria en sus respectivos paises, lo que incorporará un valor añadido al propio recinto y a las numerosas visitas guiadas; actualmente dicho Proyecto se encuentra en fase de diseño por técnicos especialistas en jardinería.  A tal efecto, el Ayuntamiento de Casabermeja ha firmado un Convenio de colaboración con el Patronato Botánico Municipal “Ciudad de Málaga” con el objetivo de acometer una mejora del ajardinamiento del camposanto  y de espacios verdes aledaños al mismo (“Jardín de la Memoria”) con criterios solventes y rigurosos, teniendo en cuenta su singularidad, su historia y su interés cultural y patrimonial; abundando en la idea que el concepto de Botánica  Funeraria viene a representar la elevación a la categoría de conocimiento de larga tradición universal, extensiva a todas las culturas, , de expresar el dolor, la honra y la memoria de los difuntos a través de las plantas. Se prevé que a lo largo del  año 2014 se pueda iniciar (y si es posible, culminar) dicho Proyecto. 
Del mismo modo , a lo largo del mes de noviembre de 2013, se iniciaron las obras consistentes en eliminar las principales barreras arquitectónicas que, actualmente, dificultan el acceso a determinadas zonas para colectivos de mayores y discapacitad@s.
Asimismo, está prevista para 2014, la incorporación de este camposanto a la Red Europea de Cementerios Singulares, reconocida por el Consejo de Europa como Ruta Cultural Europea, lo que nos permitirá compartir experiencias y modelos de gestión de este tipo de recintos con los cementerios más famosos de Europa.
  Aspectos sobre la cultura de la muerte en Casabermeja:
     a.- El hecho del fallecimiento (ofrecimiento vecinal de viviendas para la conformación del “velatorio” . Solidaridad ante la muerte.)
 Ha sido práctica habitual para los vecin@s de Casabermeja, desde siempre,  que frente al hecho dramático de la muerte (la comunidad pierde un miembro) se activen los ancestros genéticos para mitigar los efectos de angustia vital frente a la pérdida de un ser querido; para ello, el arropamiento físico y emocional que desencadena en la población posibilita hechos singulares de nuestra particular manera de entender y vivir la cultura de la muerte. Como de todos es sabido, es  tradicional en Casabermeja que el velatorio se disponga por separado entre hombres y mujeres; así, normalmente, se instala el velatorio de las mujeres donde reposa el cadáver de la persona fallecida; y, el de los hombres, en el domicilio del vecino que se ha ofrecido a la familia del difunto. Y es que, desde el mismo conocimiento del óbito, los vecinos más cercanos hacen el ofrecimiento a los familiares del difunto de su vivienda para “montar el velatorio” en un claro y sentido gesto de generosidad, que es, más bien, un acto de solidaridad ante la muerte, ya que con el ofrecimiento de la vivienda (imaginaos lo que supone poner a disposición del velatorio una casa que estará ocupada por cientos de personas durante 24 horas) se está asumiendo también el papel de “doliente” frente a la comunidad. 
  b.-   El velatorio (distribución de las viviendas para el velatorio de los hombres y el velatorio de las mujeres, temas de conversación, gastronomía típica del velatorio, etc)
Como ya comentábamos antes, la disposición del “velatorio” se hace por separado (claras reminiscencias árabes). Los conceptos y formas de tránsito de la población frente a esta primera fase de duelo también tienen elementos diferenciadores; mientras que en el velatorio de las mujeres la actitud es de absoluto recato y compungimiento (aparentemente más sentido), en el de los hombres el bullicio y los “corrillos” conforman su escenografía fundamental.
Igualmente, la propia forma de participar en el “pésame”origina que mientras en el velatorio de las mujeres  el tema central de conversación lo constituyen las alusiones y recordatorios  a la persona fallecida (se hace una especie de recorrido vital por la vida de esa persona), en el de los hombres (parece que nos está vedado “culturalmente” exteriorizar los sentimientos de angustia y llanto) se habla, a veces se vocifera, sobre aspectos más prosaicos de la vida : el trabajo, las cosechas, el tiempo, los conflictos familiares, las penurias del momento, efusividad en los encuentros con personas ausentes del pueblo, etc.
Otro aspecto simbólico de los “velatorios” es la gastronomía que se ofrece para “soportar” las 24 horas de acompañamiento a la familia; y es que una vez que se ha instalado el velatorio, y como si se produjese un “pacto tácito entre las mujeres asistentes” (es una función incuestionable de ellas), imperceptible para el resto de asistentes, empiezan a  aparecer ollas de caldo  del puchero que se reparten convenientemente tanto a los hombres como a las mujeres (¡… anda, tómate esta tacita de caldo que esto repone !), ollas de café, ollas de té con leche, ollas de chocolate, todo ello acompañado con repostería local. 
Llegados a este punto es curioso recordar como hasta hace no muchos años los vecinos presentaban sus respetos a la familia llevando al velatorio de los hombres botellas de licor variado (coñac, ponche, menta, aguardiente, etc) que repartían los propios oferentes copa a copa a los asistentes, y que, en algunas ocasiones, era tanto lo que se consumía que provocaba situaciones hilarantes , producto de la “borrachera”, o, en el peor de los casos, discusiones agrias entre los asistentes.
c.-    La función de las campanas de la Iglesia (doblando a muerto)
El lenguaje de las campanas siempre ha constituido una forma de comunicación universal. Los grandes campanarios, como el de la Iglesia de Casabermeja, han sido testigos, a golpe de “repiques”, de los hechos y sucesos más relevantes que han acompañado nuestras vidas.
 Y, cómo no, también han sido  las voceras de nuestros muertos.  Aunque hoy día las generaciones más jóvenes serían incapaces de descifrar sus toques, para los más “viejos del lugar” constituían el mensaje cifrado de una muerte anunciada (¡ están doblando a muerto, ¿se habrá muerto fulanito-a que he escuchado hace días que estaba muy enfermo?) Las distintas melodías lastimeras y  cadenciosas de toque nos indican si la persona fallecida es niño-a, hombre o mujer, si se dobla para entierro o misa de difuntos, etc
 d.-     El “préstamo” de nichos entre vecinos
Como comentábamos anteriormente el concepto de “solidaridad ante la muerte” es un hecho consustancial a nuestra cultura de la muerte. Significábamos antes  el gesto de “prestar” la vivienda para los velatorios; sin embargo, no es el único que se produce. También recordábamos al principio cómo es la tipología de nicho tradicional y monumental del Cementerio, que puede albergar en su cavidad abovedada entre tres y cuatro ataúdes; sin embargo, es por tod@s conocido que el Reglamento de Policía Mortuoria impide abrir los nichos antes de cinco años desde el último enterramiento. En este caso, hablamos de nichos familiares, ¿qué ocurre, caso frecuente, si en una familia se producen dos o más fallecimientos en esos cinco años? Pues vuelve a  ponerse en valor ese concepto de solidaridad, ya que frente a esta situación siempre hay algún vecino, algún amigo íntimo o algún familiar que te ofrece el suyo para “salir del paso” ( “…entiérralo en el mío y ya nos iremos apañando…” ). Esta situación, normalmente, se suele “negociar” durante el velatorio. Así pues, en la “vida” cotidiana del cementerio es muy frecuente ver el trasiego de exhumaciones durante todo el año de unos nichos a otros.
 e.-     La tradición de “La Ureña” ( Una práctica funeraria ancestral en Casabermeja)
Casabermeja cuenta con algunas costumbres locales que la diferencian y singularizan, a la vez que ponen de manifiesto que el tratamiento otorgado a la muerte siempre ha tenido un lugar preponderante en la escenificación del rito de la ausencia. Una de ellas se producía la noche previa al Día de  Difuntos. Esta representación recaía en el grupo de monaguillos que pasaban toda la noche en vela en la torre de la iglesia para tocar las campanas en señal de duelo y memoria por todos los difuntos. Para que el cansancio no les rindiese, iniciaban la costumbre local conocida con el nombre de “La Ureña”. Consistía ésta en recorrer las casas del pueblo y pegar en las puertas, y ante las preguntas procedentes del interior inquiriendo la identidad
( “ ¿Quién va? “ ), contestaban: ” la Ureña “. Instantes después la puerta se abría y los vecinos depositaban, en unas canastas de mimbre que portaban los monaguillos,  viandas y frutas otoñales, como granadas, membrillos, nueces, melones o higos secos, que ayudarían a reponer las fuerzas durante las largas horas de vigilia. La dádiva era contestada, al unísono, por los monaguillos :
“En casa de buena barba
buenos años haya,
y cuando muera,
a la gloria vaya, vaya”
Por el contrario, si la puerta no llegaba a abrirse o no se depositaba nada en la canasta, el recitativo tenía una variación :
“En casa de mala barba
 malos años haya,
y cuando muera,
al infierno vaya, vaya”
En la actualidad la Ureña queda registrada de forma testimonial en forma de un canasto con frutas otoñales que se expone en el altar mayor de la iglesia desde los días previos a la festividad de los fieles difuntos.
f.-    El entierro
En la actualidad, al igual que en la mayoría de pueblos y ciudades . la comitiva fúnebre la encabeza el “coche de los muertos” y detrás se disponen los familiares, amigos y demás vecinos del pueblo; dicho traslado se hace (sin acompañamiento religioso) desde la casa del difunto hasta la iglesia donde se oficia la misa  córpore in sepulto y, a continuación, se  vuelve a introducir el ataúd en el coche fúnebre que lo traslada a la entrada del cementerio donde se le da el “ultimo adiós”.
Sin embargo no siempre ha sido así. Como de todos es conocido, la iglesia siempre ha guardado un gran simbolismo en los entierros, dotándolos de una gran solemnidad para que “el tránsito  a la vida nueva” se haga desde una gran espiritualidad colectiva.
Yo recuerdo, siendo monaguillo, que en los años sesenta y setenta, la comitiva religiosa, encabezada por el cura y los monaguillos ,a los que precedía la cruz parroquial (que debía salir de la parroquia descubierta, armada y levantada), se desplazaba hasta la casa del difunto donde a “golpe de responsos” y letanías acompañaba a la comitiva fúnebre hasta la iglesia para oficiar la misa. En todo el trayecto el ataúd era llevado a hombros hasta la iglesia, y una vez finalizada la misa, era igualmente trasladado a hombros hasta la sepultura.
g.-  La proyección sentimental de l@s vecin@s del pueblo con respecto al cementerio en las semanas previas al día de los difuntos (labores de limpieza y embellecimiento ¿cómo se viven?)
     Los vecinos de Casabermeja siempre hemos cuidado con particular celo nuestro cementerio, aunque ha sido a partir de la década de los ochenta del siglo XX cuando se acometieron un conjunto de medidas, encaminadas a proteger, preservar y restaurar el conjunto funerario. En Junio de 2006, como ya explicábamos anteriormente, fue declarado Bien de Interés Cultural, convirtiéndose en el primer cementerio de Andalucía en obtener este grado de protección que significa tanto un reconocimiento hacia sus valores, como la necesidad de velar por su conservación y pureza para legarlo a las generaciones venideras.
Por ello, suelo explicar, que l@s vecin@s  de Casabermeja  nacemos  con un cromosoma genético  que nos vincula desde muy pequeños a nuestro Camposanto, un código de verdades imperecederas que nos traza nuestras obligaciones  para con nuestros muertos  que se hereda de generación en generación y que perpetúa la pureza y reconocimiento de este legado ancestral.
Todos lo que visitan asiduamente nuestro Cementerio, en cualquier mes del año, pueden comprobar que el aspecto que ofrece, siempre, es de perfecta armonía ambiental y un cuidado exquisito; no obstante, es a partir de la primera quincena del mes de octubre cuando el recinto aparece más bullicioso y los utensilios de limpieza aparecen por doquier.  Familias enteras  dan inicio a las tareas de limpieza y embellecimiento de sus nichos que suelen durar entre dos y tres días. El cementerio se convierte en el centro de la actividad local. Jornadas de mañana y tarde van dotando a los enterramientos de una pureza blanquecina que juega con las tonalidades negras de la rejería de forja y las cruces. El día 1 de noviembre se acerca y las flores (generalmente crisantemos, margaritas, rosas y gladiolos) van ocupando artísticamente su lugar, miles de ellas presiden las tumbas compartiendo espacio con velas y mariposas de encender. Todo está donde tiene que estar, y nuestros muertos, un año más y ya son centenares, reciben el homenaje de todo un pueblo que con trazos blancos escribe una nueva página de nuestra historia;  por eso,  para nosotr@s,  pasearlo no es entristecernos por los que ya no están, sino caminar por un pueblo blanco, de proporciones más humanas, donde a los muertos no los “enterramos de pie” , sino recostados, durmientes y sosegados, y a los que  les regalamos versos con frases muy sentidas que no nos hacen llorar, sino serenarnos.
i.-    Programas culturales en el recinto del cementerio (exposiciones, conciertos de música, Versos para enterrar el verano, visitas nocturnas, etc)
Corría el año 1991 cuando un grupo de vecinos, especialmente sensibles con el mundo de la cultura, y tutelados por el área de cultura y patrimonio del Ayuntamiento  empiezan a debatir sobre el potencial cultural alternativo que podía extraerse de la puesta en valor del cementerio. Se disponía de un entorno excepcional y singular y con un equipamiento religioso (la ermita) que se encontraba infrautilizado, ya que su único uso religioso era el de oficiar la misa de difuntos el día 2 de noviembre de cada año. Después de muchos debates  se pensó en dotar a este espacio de un programa cultural cuya temática central fuese la cultura de la muerte en sus distintas formas y manifestaciones: al proyecto se le denominó NOVIEMBRE SACRO que , como su propio nombre indica,  se desarrollaba a lo largo del mes de noviembre y acogía exposiciones de pintura, exposiciones de fotografía, esculturas, música de cámara, etc., con una clara vocación de homenaje al recuerdo de los ausentes.
Dicho programa inició su andadura con una exposición de óleos (“BOVEDAS”) de Pedro Olalla al que complementó una capilla musical de la Orquesta Sinfónica de Málaga. Tras las reticencias iniciales de un sector del pueblo y el éxito mediático en varios medios de comunicación, dicha oferta cultural  empezó a consolidarse como una de las citas obligadas y señaladas en el calendario cultural de Málaga.
La sucesión de propuestas fue numerosa y variada provocando un especial interés en los responsables culturales de la Diputación de Málaga,  que, liderados por Miguel Ramos, plantean la posibilidad de utilizar el recinto para encuentros de poesía ( “… y desparramar los versos sobre las tumbas…”) y es así , como nace el programa “Versos para enterrar el verano”. Tras tres años de éxito dicho programa se abandona circunstancialmente, y no es hasta 2009 cuando se vuelve a retomar con su máximo esplendor, convirtiéndose en una de las citas culturales más esperadas del año.
La esencia de su programación consiste en seleccionar, cada año, un poeta contemporáneo y de entre su obra poética elegir lo más representativo y, a su vez, lo más cercano a la temática de la muerte: posteriormente se edita un libreto con esa selección de poemas y, el acto central lo constituye su lectura pública al anochecer de todos los días 1 de noviembre  en la ermita del cementerio y acompañados por música de capilla.
Muñoz Rojas, León Felipe, Benedetti y Ernesto Cardenal han sido los últimos  anfitriones de una ermita y de un camposanto que, de forma sobria pero esplendorosa, nos han regalado sus versos  para que los meditemos a la luz de las velas y de las antorchas, en un reconfortable paseo entre la vida y la muerte.