Córdoba
Cabra
En el año 1884, siendo alcalde de Cabra (Córdoba) don Francisco Moreno Blancas, se proyectó la construcción de un camposanto más amplio al existente hasta entonces, debido a que el aumento de la población hacía que no bastase la capacidad del antiguo situado en el barrio de La Villa.
Se nombró una comisión de la que formaron parte varios concejales y además el coronel de Ingenieros don Juan Álvarez de Sotomayor y el ayudante de caminos don José‚ Redondo Marqués. Ante las discrepancias surgidas en la ponencia y la dimisión de algunos de sus componentes, sería el proyecto de Redondo Marqués el que finalmente se aprobaría. El lugar elegido, en principio, fue una haza de don Joaquín Zejalbo "situada entre el Prado de los Caballos y los silos", eran tres hectáreas y media de tierra fácil de remover. Se acordó elaborar el proyecto y presupuestos, si bien al final se desestimó por ser "sumamente húmedo". Finalmente, sería en los primeros años del  siglo  XX cuando se culminaría el proyecto de construir el nuevo cementerio municipal pero sobre unas hazas del camino de Rute.
El acuerdo municipal para la compra de estos terrenos y la ubicación definitiva del cementerio municipal en los mismos, fue contestado por el arcipreste egabrense, don Antonio Pérez Mora. Éste, en escrito dirigido al ayuntamiento, pidió que se volviese sobre el asunto y que el nuevo cementerio se construyese con fondos de la Iglesia para que el camposanto continuase siendo parroquial en lugar de municipal. En su escrito indicaba que, en caso de no aceptarse su instancia, recurriría al gobierno civil. A pesar de esta controversia, las autoridades provinciales ratificaron la decisión del ayuntamiento.
Las obras de construcción del actual cementerio comenzarían el 1 de agosto de 1902 y quedaría  inaugurado el 1 de julio de 1903 con el nombre de Cementerio Municipal de san José.
Mientras que en los grandes cementerios de las capitales españolas, los monumentos funerarios de grandes personajes se confunden en la fronda de los cientos de construcciones existentes, en los cementerios locales este tipo de tumbas suelen destacar sobre todas las demás. Además de la escala y tipología, un elemento especialmente cualificado del monumento funerario es la situación que ocupa el enterramiento dentro del trazado del cementerio. La ocupación de un sitio relevante puede ir en función de ocupar: el centro geométrico, la convergencia de la perspectiva en la avenida central, o sobre un promontorio elevado.
En el caso de los cementerios pequeños, el trazado interior en planta suele ser simple, respecto a los modelos de grandes ciudades, de complejo trazado en cuadrículas, con calles, plazas y un centro principal ocupado, generalmente, por un templo. En el caso del cementerio de Cabra, aún hoy, es recinto rectangular en el que destaca una avenida principal, a cuyos márgenes se sitúan las sepulturas principales, situándose el resto de los enterramientos bien adosados a los muros de cierre o repartidos entre éstos y la calle central.
Localizada como la primera tumba situada a la derecha una vez se traspasa la entrada principal, el mausoleo de la Vizcondesa de Termens, es un panteón-capilla,  que como silueta de la muerte, acoge a todo un linaje familiar, el de la familia Giménez Flores, agrupada  en torno a su protagonista principal. En  marzo de 1908 se encargaron en Madrid a don Mariano Benlliure y Gil las obras escultóricas y arquitectónicas de un panteón que la Vizcondesa de Termens, doña Carmen Giménez Flores, quiso construir en el cementerio de San José‚ de la ciudad de Cabra.  Los trabajos de terminación e instalación del mausoleo durarían desde julio hasta noviembre de 1914. Posteriormente, en 1931, los principales elementos escultóricos fueron desmontados y trasladados a la Fundación Termens, donde actualmente se conservan.
Desde el punto de vista artístico, además del Mausoleo de la Vizcondesa de Termens, en el Cementerio de Cabra sobresale otro sepulcro de 1908  realizado por el escultor cordobés Mateo Inurria, dedicado a Ricardo Ortiz Villalón, hijo de un conocido marmolista de la ciudad. Y también destacan las tumbas de otras grandes personalidades egabrenses del siglo XIX, como es la de don Martín Belda, primer marqués de Cabra, y el que alberga los restos del destacado novelista Juan Valera y Alcalá Galiano.
           
 (Informacion y documentación facilitado por el candidato)