Firmas

Ginés García Agüera
Periodista especializado en cine. Colaborador de "Adiós Cultural" desde el número 1.
 

Dos mujeres, dos actrices inmensas, y un destino fatal

Dentro de escasos días, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, dará a conocer el listado de las nominaciones a los premios Goya 2018. Me juego mi colección de dvds de Tarantino a que entre las intérpretes que vayan a optar al galardón a la mejor actriz protagonista de este año, estarán presentes los nombres de Nathalie Poza y Marian Álvarez, por sus respectivos trabajos en “No sé decir adiós”, de Lino Escalera, y “Morir”, de Fernando Franco, dos películas que afrontan desde la verdad y el compromiso, la muerte inminente de un ser querido, y lo hacen, además, valiéndose de los rostros y el vaciado actoral impresionante de dos cómicas en absoluto estado de gracia.
 
Nathalie Poza y Marian Álvarez. Dos mujeres. Dos cómicas de esas que te acompañan horas después del visionado de sus películas. Dos actrices inmensas que nos sumergen, cada una con esas herramientas de un oficio tan frágil y fascinante como complejo y arrollador que es el de actuar delante de una lente, en esos laberintos vitales en los que la muerte de un ser cercano, amado, va a materializarse y ya no queda otro camino que hacer frente a un destino fatal, concreto.
 
En “No sé decir adiós”, Carla (Nathalie Poza), es una ejecutiva que vive lejos de su familia, cuando recibe la noticia de que a su padre (un maravilloso e inconmensurable Juan Diego), le acaban de diagnosticar un cáncer terminal. Carla se debate alrededor de un trabajo complejo y una existencia autodestructiva en la que circula el alcohol, la cocaína y el sexo eventual. En esos momentos, Nathalie Poza alienta a un personaje con un talento repleto de matices y complicadas aristas. Es una actriz que se planta en la pantalla abarcando mucho más allá de los límites de Carla, tocando experiencias, esfuerzos, desamparo. Su trabajo es abrumador.
 
Por su parte, Marta, a la que encarna Marian Álvarez en “Morir”, mientras se encuentra desayunando en un día de vacaciones al lado de su marido (un no menos inconmensurable Andrés Gertrudix), éste le comunica que ha recibido el resultado de unas pruebas médicas. Va a morir, muy pronto, y él quiere hacerlo en la intimidad, sin avisar a familiares y amigos, sin tratamientos agresivos. Es entonces cuando Marta, pasa a convertirse en la compañera y cuidadora que asume todo el agotador, doloroso proceso de la muerte de su joven marido. Marian Álvarez, entonces, tal y como hizo en “Herida”, en un papel de enferma bipolar que le valió su primer Goya, se pasea por la película consciente de que su papel aborda miradas y acciones en el filo de la navaja. Duras, ingratas, desasosegantes. La actriz borda un papel muy complejo y arriesgado, y lo hace con una maestría que sobrecoge a pesar de su juventud.
 
Ambas intérpretes van a estar en la terna de las nominadas a mejor actriz protagonista para los próximos Goya. Me he jugado mi colección de pelis de Tarantino y, sinceramente, mi existencia sería muy triste sin ellas.



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