Firmas

Esther Andreu
Arqueóloga. Directora de Arqueomedia.
 

Necrológica tarea

Necrológica tarea

En Dinamarca, un hombre hace cinco mil años cavó una fosa, y allí en su fondo, depositó  un ala de cisne desplegada. Sobre el plumoso lecho acostó el cuerpo sin vida de su joven esposa, y bajo su regazo colocó a su incipiente hijito también inerme.
Hace cuatro mil años en tierras de don Quijote, un hombre sepultó bajo el suelo esterado de su choza, a dos de sus hijos. Sin duda quería retenerlos junto a su familia, bajo su lecho, bajo los juegos infantiles de sus hermanos.
Un hombre hace dos mil años, en tierras de Hispania enterró a su anciano padre en una fosa recubierta de ladrillos y colocó un tejadillo a dos aguas para emular la casa donde él fue feliz, junto a los suyos.
Hace quinientos años, una mujer enterró a su esposo muerto tras una penosa enfermedad bajo las losas de mármol de la iglesia  de San Gil, en Madrid. Quedó ya para siempre en la casa de Dios.
Hace dos meses, yo enterré a mi madre en el camposanto junto a sus padres y su abuela, para que regrese con ellos al lugar de donde vinieron. Con ella iba el dibujo que mi  hija pequeña quiso que llevase a tan largo viaje.
Van para treinta los años que en mi día a día, han sido innumerables los enterramientos que he estudiado: “Individuo 1143. Unidad Estratigráfica de fosa 1142. Cronología Alto Imperial. C14 +/- 1900-2150. Edad del individuo entre 27 y 30 años. Varón. Altura 1,70-1,75. Artrosis mano izquierda. Lesión por intrusión de lanza en tercer espacio intercostal izquierdo. Antigua rotura de fémur derecho. Postura de cúbito prono. Orientación noreste-sureste. No ajuar.”
Díme 1143, ¿a quién amaste, dónde naciste, te gustaba sentir el sol en tu cara tras la lluvia? ¿Qué le pedías a tus dioses? ¿Sabias que acercando el oído a una caracola se puede escuchar el mar?
Perdóname, 1143, te aparté de tu lecho de noche para etiquetarte en bolsas por extremidades, ahora reposas fragmentado en una caja de plástico de mi laboratorio. Es Raquel, una antropóloga jovencita, quien te hace un análisis osteométrico mientras canturrea la canción favorita de su novio. Tiene unos ojos de caramelo que sin duda en vida, te habrían turbado. Perdónale, 1143, ella aún no lo sabe. También perderá a los que quiere, y entonces, como yo, te recordará.
 
 



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