Firmas

Joaquín Araújo
Naturalista, geógrafo, escritor y agricultor.
http://joaquinaraujo.com
 

Bajo árboles

Bajo árboles

Ya hemos tenido la oportunidad de comentar y elogiar en estas páginas lo que nos parece uno de los grandes aciertos de algunos cementerios y de no pocos particulares. Me refiero al enterramiento de las cenizas resultantes de la cremación entre las raíces de los árboles. Roques Blanques en Barcelona, por ejemplo, ha potenciado incluso lo que bien puede ser calificado como un bosque. Una notable masa arbórea que acoge el recuerdo de decenas de fallecidos, incluso familias enteras.
Plantar un árbol concreto al mismo tiempo que se procede al sepelio también se está generalizando. Tanto en recintos controlados como en plena Natura. Pero también sucede lo mismo en el otro extremo. En no pocos casos la vida de muchas personas comenzó con la simbólica plantación de un árbol. Por tanto para no pocos todo se abre y se cierra con el mismo proceder.
Conviene recordar al respecto que lo de poner a crecer a un gigante vegetal al tiempo que lo hacía un nuevo humano es y, sobre todo ha sido, una respetada y repetida costumbre a lo largo de milenios. Conducta que ha sido compartida por muchas culturas y civilizaciones diferentes.
Algunos hemos llevado un poco más lejos este tipo de actos, acaso los más coherentes y bellos, por simbólicos que sean, plantando algunos árboles más. Concretamente tantos como los años vividos por el ser querido que hemos perdido. Creo justificado, si no me engaña mi pasión por los bosques, cualquier estímulo para que en este planeta haya más sombras naturales protegiendo los suelos del calor que va a venir. Considero, incluso, que solo hay dos codicias legítimas: la de más libros y más árboles. De ahí lo de rendir todavía más homenaje, sembrando más recuerdos hacia los perdidos, con la plantación de unas decenas de árboles. Por si eso fuera poco cabe incluir en la tendencia no solo a los parientes más cercanos, sino también a otras personas queridas  o admiradas por el motivo que sea. A lo que siempre se puede sumar, ya que de crear vínculos se trata, la adjudicación del nombre del recordado al árbol o al bosquete así plantado. Bosques con nombre propio pues. Nada disparatado porque esos seres vivos que tienen la portentosa capacidad de convertir la luz en vida nos regalan varios servicios al mismo tiempo.
Recordemos que es hogar para el mayor número de seres vivos de este planeta. Conviene no olvidar que se trata de nuestro viejo hogar. De hecho todos los seres humanos somos en parte como somos porque hace un par de millones de años éramos inquilinos inseparables de los bosques cálidos del planeta. Pero volviendo al presente  resulta importante considerar a las formaciones forestales como las  mejores aliadas para enfrentarse al cambio climático. Cabe afirmar que cada uno de estos viejos amigos que se mantenga en pie es un insustituible punto de apoyo para una humanidad y una Natura lisiadas. Si plantar árboles es siempre positivo hacerlo en honor a los que se acaban de ir todavía más.
Que la muerte de algún cercano o admirado motive más verde en los paisajes, o en las periferias urbanas, no puede por menos que ser valorado como aportación a la belleza y la continuidad de la vida.
En todo lo hasta aquí escrito andaba uno pensando precisamente a lo largo de la entrega de los últimos premios de Adiós Cultural (revista editada por Funespaña) cuando se me ocurrió hacer el cálculo que pormenorizo a continuación.
En el planeta nacen a diario unas 370.000 personas. Sería estupendo por tanto que  otros tantos brinzales iniciaran su vida sobre la piel del mundo. Por otro lado a lo largo de cada jornada perecen 154.000 humanos. Pues lo mismo. Total  524.000 árboles más.
Pero si vamos a la segunda y ambiciosa tendencia – la de plantar un árbol por año vivido por el difunto - y calculamos una media de 65 nos pondríamos a plantar nada menos que diez millones de árboles todos los días. Aunque esto tiene bastante de ensoñación o de ingenuidad no descarto que podría ser perfectamente posible. Abro paréntesis para comentar que en absoluto hay que introducir en el suelo de inmediato todas esas plantas. Aunque les puedo asegurar que, si se trata de brinzales de una o dos savias, se puede perfectamente hacer en un solo día. Esto supone que podemos rendir el homenaje al muerto y al planeta a lo largo del tiempo que se considere conveniente o posible.
¿Son muchos diez millones de árboles?
En realidad no.
Lamento profundamente recordar este dato pero todos los días nuestros bosques y selvas pierden unos 24 millones de sus componentes. Todas las reforestaciones juntas  solo consiguen que se plante la mitad de esa cifra. Con la notable y obvia diferencia que se da entre un ser vivo de un año y otro que seguramente dejó de estarlo con no menos de 50, que es la edad media a la que se tala la mayor parte de los árboles del mundo. Por tanto, con la iniciativa de tantas plantas como años vividos,  nos acercaríamos al empate entre lo que muere y lo que nace en nuestros campos, bosques, sotos y arboledas.
¡No es poco y además, aunque solo se siembre uno, se trata de plantar cenizas en uno de los mejores lugares posibles! 

En la fotografía, columbarios bajo árboles y en la rosaleda del Crematorio del Cementerio Sur de Madrid.



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