HISTORIA Y ARTE

Gladiadores (IV parte)

Gladiadores (IV parte)

¿Una profesión remunerada?


Los precios

Frente a una opinión bastante generalizada de que el gladiador que saltaba a la arena era un esclavo que se jugaba la vida luchando sin ninguna técnica, improvisadamente, sin previo entrenamiento, hay que responder que los gladiadores eran auténticos profesionales que no comenzaban a combatir sino sólo después de una larga preparación y adiestramiento. Su comportamiento era el de verdaderos divos que llegaban a cobrar auténticas fortunas por combate.
A mediados del siglo II hubo empresarios que se habían arruinado en la organización de los juegos. Por ello pidieron al emperador Marco Aurelio una legislación que regularizase los precios. De este modo, la oratio gladiatoria hallada en Itálica, firmada por Marco Aurelio y su hijo Cómodo en el año 177 d.C. y conservada en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, establecía tres tipos de anfiteatros, y tres tipos de gladiadores.
Según su categoría, y el rango de la ciudad y anfiteatro en que actuaba, podía cobrar unos topes. Lo que no se especifica en el documento es cómo iban ascendiendo de una categoría a otra hasta convertirse el gladiador en summus ac formonsus.
Los juegos más baratos costaban de 30.000 a 60.000 sestercios. Los gladiadores se dividían en tres categorías: el mejor costaba 5.000 sestercios, el mediano 4.000 y el peor 3.000.
Los segundos en importancia oscilaban de 60.000 a 100.000.
Los gladiadores podían cobrar 8.000, 7.000 ó 6.000 según categorías. Había espectáculos de 100.000 a 150.000, donde los gladiadores podían cobrar 12.000, 10.000, 8.000, 6.000 y 5.000 sestercios. Y estaban finalmente los grandes espectáculos de más de 150.000 sestercios, donde los gladiadores, divididos en cinco categorías, podían llegar a cobrar 15.000, 12.000, 8.000, 7.000 y 6.000 respectivamente. Junto a estos gladiadores, encuadrados en una categoría y con un rico palmarés, estaban los gregarii, cuyo precio era de 1.000 a 2.000 sestercios.
La ley obligaba a los lanistas a proporcionar igual número de figuras que de gregarios. Si no había número suficiente de gregarios, los lanistas debían presentar gladiadores cualificados incluso al precio de los malos.

Pero la celebridad de los gladiadores iba más allá de los anfiteatros. No sólo ganaban dinero y aplausos. Sus cuerpos atléticos, entrenados y fibrosos, vistos en acción en plena lucha o en la palestra mientras entrenaban, aceitosos y brillantes por el sudor, eran codiciados por damas pudientes que podían permitirse una noche de lujo con aquellos atletas. En las paredes de Pompe-ya se han encontrado numerosas pintadas y grafitos de estos hombres, a los que podríamos considerar como los primeros gigolós de la historia. Así, por ejemplo, inscritos en las columnas del peristilo de una casa privada pompeyana pueden leerse varios: “Celado Octaviano, tracio, tres victorias, tres coronas, el suspiro de todas las mujeres” (CIL IV 4342); “Celado, tracio; Crescente, reciario, amo y señor de todas las muñequitas” (CIL IV 4356), o bien “Crescente, reciario, de todas las damas de vida nocturna, y de otras mañaneras, benefactor y médico” (CIL IV 4353).
Dentro de los epitafios de gladiadores, nos ha parecido interesante el del mirmillón Probo. Se trata de una estela de caliza conservada en el Museo Arqueológico de Córdoba, cuyo texto traducido es:
“Probo, mirmillón contrarete, liberto de Paulo, de 49 años de edad, germano de nación, aquí está enterrado. Que la tierra te
sea leve. Volumnia Esperata a su buen marido, que lo merecía.
Publio Volumnio Vital a su buen padre. Que la tierra te sea leve”.
Probo murió cuando estaba ya retirado de la profesión. No se especifica las victorias que tuvo.
 
Algunas opiniones
 
Los espectáculos de la arena fueron muy populares, pero también hubo voces que se levantaron en contra, por la crueldad que suponían. Séneca (4-66) nos ha dejado un texto donde nos muestra su consternación ante la estéril y sangrienta matanza de gladiadores:
“Por casualidad, a mediodía asistí a una exhibición, esperando un poco de diversión, unos chistes, relajarme [...] Pero salió todo lo contrario [...] Estos peleadores de mediodía salen sin ningún tipo de armadura, se exponen sin defensa a los golpes, y ninguno golpea en vano [...] Por la mañana echan los hombres a los leones; al mediodía se los echan a los espectadores. La multitud exige que el victorioso que ha matado a sus contrincantes se encare al hombre que, a su vez, lo matará, y el último victorioso lo reservan para otra masacre.
Esta clase de evento toma lugar estando casi vacías las gradas [...] Al hombre, sagrado para el hombre, lo matan por diversión y risas”.

Marcial escribió un libro de los espectáculos en el año 80 donde comenta el aspecto sanguinario de los mismos. Por su parte Tertuliano en su De spectaculis, escrito a finales del siglo II d.C., vuelve a la carga, él ya desde una perspectiva cristiana. “Si queremos comparar la crueldad, la falta de respeto, la ferocidad permitida por nosotros, vayamos al anfiteatro. Si somos tal como decimos nos deleitaremos con sangre humana [...] Ciertamente los gladiadores se encaminan al espectáculo inocentes para convertirse en víctimas del placer público” (XIX 2 y 4).

Escrito por Javier del Hoyo

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