HISTORIA Y ARTE

Petra

Petra

La ciudad rosa del desierto

Petra, ‘la ciudad rosa del desierto’
Como se la conoce en algunos foros, se encuentra al sur de Jordania y es unos de los destinos más espectaculares de todo el mundo desde el punto de vista turístico.
La antigua capital del reino nabateo, excavada en la misma piedra (de donde su nombre), estuvo oculta durante siglos y fue dada a conocer al mundo en 1812 gracias al aventurero suizo Johann L. Burckhardt.
Este investigador, conocido como “jeque Ibrahim”, viajó a Siria, Egipto y Nubia por encargo de la Asociación Africana de Londres. Se hizo pasar por un beduino y, gracias al conocimiento de varios idiomas, se unió a una caravana de beduinos y consiguió que le llevaran hasta la misma ciudad de Petra, si bien es verdad que -recelosos de sus intenciones- quisieron matarlo en varias ocasiones durante el trayecto.

Murió en 1817 a los 33 años a causa de una intoxicación alimenticia y se encuentra enterrado en El Cairo.

Petra se popularizó hace unos años gracias a algunas escenas de la película Indiana Jones y la última cruzada (1989), que protagonizaron Harrison Ford y Sean Connery, pero Petra es mucho más que la Tumba del Faraón, que se presenta a nuestra vista al final del Siq o desfiladero natural. De Petra, una ciudad que nos fascina por el color de su piedra y por la forma en que fueron realizados sus edificios, podríamos destacar sus templos, basílicas paleocristianas, sus conducciones de agua, el paisaje, etc., pero dado el carácter de esta revista, vamos a hablar de su mundo funerario.
 
Riqueza funeraria en Petra
 
Una de las cosas que más nos va a asombrar en una visita detenida a la ciudad de Petra (se necesita un día completo para recorrerla con detenimiento, por lo que lo más aconsejable es entrar al amanecer, cuando abren el recinto, y salir cuando lo cierran; para ello es recomendable lleva algo de comida y bebida en la mochila, y calzado muy cómodo) es no solo la gran cantidad de monumentos funerarios, sino sobre todo su variedad.

Hoy día se ha demostrado que esta variedad no depende de la época en que fueron realizados, sino del poder económico y de los gustos personales de quienes encargaron tales monumentos.

Tras pasar las taquillas donde compraremos las entradas, poco después de comenzar a caminar en dirección a la ciudad, nos encontramos con un valle abierto (Bab el-Siq) que se va cerrando poco a poco, con monumentos funerarios a uno y otro lado del camino. Uno de los primeros es la tumba de los obeliscos, de mediados del s. I d.C., llamada así por los cuatro obeliscos o nefesh (palabra semítica que significa algo así como ‘aliento, alma, persona’) que coronan la parte superior de la fachada.


(Tumba de los obeliscos)

El monumento se compone de un triclinium (comedor con tres divanes para recostarse) en la parte inferior y una cámara funeraria en la superior. Es el triclinium mejor conservado de todo el recinto. El hecho de que muchas tumbas lo tengan hace suponer que había celebración de banquetes fúnebres en honor de los difuntos. En el nicho que puede verse entre los dos obeliscos centrales fue descubierta una figura vestida y erguida a la que le falta la cabeza.
Los nefesh suelen localizarse a lo largo de los caminos, siempre a la vista de los transeúntes, rara vez en el interior de las tumbas.
El ejemplo más impresionante se localiza en una tumba frente al teatro, cuya cámara funeraria presenta cinco nefesh tallados en la roca de uno de sus muros.
Frente a la tumba de los obeliscos, en la orilla derecha del wadi que se halla junto a la entrada de Petra, hay varias tumbas en bloque (“TumbasDijn”), que se yerguen sobre un pedestal escalonado y están coronadas por un sillar más pequeño.
En una de las caras se halla la entrada a una cámara sepulcral con dos tumbas de fosa.
Las tumbas excavadas en la roca, de las que en Petra hay cientos de ejemplos (más de 600 se pueden contabilizar en las terrazas que rodean el centro de la ciudad) son los monumentos funerarios más sobrios. Se trata de cavidades rectangulares con los bordes rebajados para poder ajustar la losa de cierre. Algunas disponen en uno de sus lados de dos o tres cavidades circulares para las libaciones. Los difuntos eran sepultados desnudos o con mortajas de cuero, de las que se han hallado algunos restos en las necrópolis de Khirbat el-Darih, si bien entre los nabateos parece que no había un esquema fijo de enterramiento. Se han hallado sudarios con restos de resinas como las empleadas en Egipto. Existen además casos de sepulturas dobles, en las que los huesos eran retirados de un lugar y vueltos a enterrar en otro. Hay tumbas donde se ha encontrado ajuar funerario variado, como vasijas de barro, lucernas, joyas, monedas, campanillas de bronce. Se constata además la deposición en sarcófagos de madera o de piedra.


(Tumbas reales)

En el recorrido que hagamos podremos ver tumbas con fachadas ornamentadas; todas ellas cuentan con una cámara funeraria en su interior, que se distingue por un número variable de loculi o tumbas excavadas. Sin embargo, no todas las cámaras funerarias tienen una fachada decorada. En Petra hay unos 200 ejemplos de estas últimas.


(Tumba almenada)

También encontraremos las denominadas “tumbas almenadas”, que presentan una o dos hileras de almenas en relieve, escalonadas, en el tercio superior de la fachada. Es probable que este motivo de origen persa fuera introducido entre los nabateos a través de Fenicia, donde se observa en el santuario de Amrit. Encima de las puertas de estos monumentos funerarios puede haber una cornisa esculpida en la roca, cuya función era soportar un entablamento en estuco. En algunos casos las pilastras también llevan un dintel y un frontón triangular. En la necrópolis del teatro, que es una de las más antiguas de Petra, se alternan tumbas con una hilera de almenas con tumbas de arco y de medias almenas.
Las tumbas de arco son escasas y constituyen una categoría propia. La fachada está enmarcada por pilastras que soportan un arco de medio punto en cuyo centro hay a veces un ornamento esculpido que recuerda a una fiale griega. En la subida hacia el altar del sacrificio, existe una zona con numerosas tumbas, entre las que destacan una con un arco, y otra con tres grandes aberturas que recuerdan -por la forma- los ojos y la boca de un humano.


(Tumba de arco)

Si nuestra emoción ha podido soportar todos los recovecos vistos hasta ahora, y nuestra cámara fotográfica ha aguantado el ritmo que hoy le estamos imponiendo, aún nos queda una última sor presa, la del grupo formado por las tumbas helenizantes. Son las que imitan el estilo griego constructivo. Sobre la cornisa presentan frontones triangulares en vez de almenas, lo que recuerda a las fachadas de los templos griegos. La complejidad de las fachadas de estos grandes monumentos no permite su inclusión en los grupos anteriores. Destacan la llamada ‘tumba corintia’ y el Palacio, con fachada escalonada que recuerda a un palacio oriental. Pero dentro de este grupo hay que citar la que -sin duda- es la más conocida y más espectacular de todas las tumbas y restos de Petra, la llamada Tesoro del Faraón, de más de 20 metros de altura, presente en tantos libros.


(Tesoro del Faraón)

Excavada en la roca desde arriba abajo, se trata de una auténtica escultura más que de una obra arquitectónica, y consta de dos plantas. El piso inferior flanqueado por seis columnas que sostienen un entablamento totalmente helenizante, con las figuras de Cástor y Pólux a caballo a uno y otro adonde la puerta principal. En el piso superior hay en el centro una imagen de Isis-Fortuna con una cornucopia en la mano izquierda, una diosa alada de la Victoria a la izquierda, y a la derecha una Amazona blandiendo un hacha por encima de su cabeza. El mito de que en la urna que corona toda la tumba había un gran tesoro de monedas provocó que en los siglos XVIII y XIX furtivos dispararan repetidamente destrozando sensiblemente la parte superior de la fachada. Evidentemente, en el interior de la roca nada había, pero desgraciadamente tardaron tiempo en convencerse.

Otra de las grandes tumbas que nos van a asombrar es la del rey Aretas IV, que gobernó el reino nabateo desde el año 9 a.C. hasta el 40 d.C. y que logró un prestigio enorme en su tiempo. Su hija se casó con Herodes Antipas, rey de Judea, aquel que ha pasado a la historia por ordenar la matanza de los inocentes. Cuando en el año 27 d.C. fue repudiada por Herodes, regresó a Petra con su padre, que invadió las tierras de Judea como venganza. Al morir en el año 40 termina la época de mayor auge cultural del reino nabateo, período del que se conserva el mayor número de inscripciones nabateas, que nos informan de las formas de vida de este pueblo. Su mausoleo es también conocido como ‘tumba de la urna’ por la gran urna de piedra excavada en la roca que preside todo el conjunto funerario.

Cuando el cristianismo se adueñó en época bizantina de toda la región, y Petra fue convertida en sede episcopal en el año 446, se eligió esta tumba para catedral de Petra, que fue consagrada por el obispo Jasón. Para poder acceder hasta su entrada y salvar el gran desnivel que hay desde el valle se construyeron dos pisos de arcadas que habían de soportar la gran terraza que se abre ante la entrada a la tumba. Esta terraza está flanqueada por dos amplios pórticos de columnas. Dentro de la tumba, que es un gran espacio abierto, diáfano, de 20 metros de anchura, con tres grandes ábsides al fondo, destaca el colorido natural de la roca en el techo. En efecto, el color de la piedra arenisca, con esos arcos iris formados por la presencia de distintos materiales, es uno de los mayores atractivos de la ciudad.
En general, puede decirse que los difuntos en el mundo nabateo fueron objeto de especial respeto. Los cuidados que se tenían para proteger las tumbas, los objetos que acompañan a los muertos para facilitarles el paso al Más Allá, la ofrenda de libaciones y la celebración de banquetes fúnebres atestiguan el deseo de mantener vivo el recuerdo de los antepasados.
 
 Escrito por Javier del Hoyo
 
 
 
 
 
 

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