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HISTORIA Y ARTE

Los 'walking dead' del siglo XVI

Los 'walking dead' del siglo XVI

'El triunfo de la muerte' de Pieter Bruegel el Viejo, una pintura cuajada de simbolismos en la que la vida lleva todas las de perder

Hace tan sólo unos meses, volvíamos a ver expuesto en salas del Museo Nacional del Prado una de sus obras fundamentales:

“El triunfo de la muerte”,pintada en 1562-1563 por Pieter Bruegel el Viejo.

Ana Valtierra
Después de pasar por las manos de los restauradores, ha recuperado su color original, su brillo y la estabilidad de su soporte.
Se trata de una de las pinturas más sorprendentes que se exponen en la pinacoteca, con la muerte como gran protagonista.
Esqueletos y destrucción para simbolizar que la muerte triunfa sobre las cosas mundanas.
La muerte, en primer plano sobre un caballo rojizo, dirige a sus ejércitos, empleados en asolar un paisaje sumido en llamas.
Soldados en los huesos que usan como escudos tapas de ataúd. En el mar se pueden ver los barcos naufragar, y en los bordes de un estanque cubierto de cadáveres se acumulan los peces putrefactos.

Legiones de esqueletos ocupan la tierra. Los pocos vivos que quedan huyen despavoridos o son apresados. En las escenas con un poco de detalle se pueden ver esqueletos que arrastran un carro lleno de calaveras, mientras otros dos tocan dos campanas enormes que cuelgan de un árbol.
Es el toque de difuntos, también conocido como “clamor”, que se usaba en los pueblos para avisar del fallecimiento de algún vecino.
Un esqueleto más, este sobre un caballo escuálido, persigue con una guadaña en la mano a los vivos, que huyen con cara de pavor.
Y otros tantos esqueletos se ocupan de conducir a los humanos a una trampa con forma de ataúd.
El mundo se acaba y es un ejército de esqueletos vivientes quienes siembran el terror.

El artista y su contexto Pieter Bruegel el Viejo fue un pintor flamenco del siglo XVI del que no se tienen muchos datos. Parece que nació cerca de Breda, en la actual Holanda y que fue el primero de una dinastía de pintores, razón por la que se le terminó apodando “el viejo” para diferenciarlo de su hijo, que se llamaba igual pero al que se le agregó el sobrenombre de “el joven”. Se casó con la hija de su maestro, Pieter Coecke, y aunque viajó a Francia e Italia, parece que no se interesó demasiado por el arte romano, como era habitual en su época. En vez de copiar ruinas romanas se dedicó a pintar los Alpes y los Apeninos.
También se sabe que Bruegel el Viejo murió en 1569 porque se conserva su epitafio en Nôtre Dame de la Chapelle de Bruselas (Bélgica), donde fue enterrado.

La obra la tituló “El triunfo de la muerte” porque, efectivamente, estos esqueletos triunfan sobre los vivos. La realizó en 1562, en una época en la que está muy entusiasmado con la pintura de “Jardín de las Delicias”, también en el Museo del Prado, una pintura muy simbólica que demuestra lo adelantado que fue a su tiempo.
Lo que hizo Pieter Brueghel el Viejo fue coger estas ideas de El Bosco tan imaginativas, y adaptarlas a su propio estilo. Un estilo que en la época se consideró tan divertido, que el artista también fue llamado “Pierre le Drôle” (el gracioso).

La muerte iguala a todos
La muerte era un tema que gustaba en el Humanismo de la Europa del Norte. Habla de la fugacidad de la vida, de la muerte que, a la vez que iguala a todos los hombres, se lleva todo de un plumazo. Era la idea de que la muerte empata, que es igual para todos; no importa si somos ricos o pobres, obreros o nobles.
Por eso Bruegel se preocupa por representar a todos los estamentos sociales en la obra, en la que se ve un rey con corona, armadura y cetro caído en tierra, mientras un esqueleto le muestra un reloj de arena, que le indica que le ha llegado su hora. Hay campesinos, soldados, nobles… hasta un cardenal que es conducido a su terrible destino por un esqueleto.
Es una imagen burlona, porque de manera irónica el esqueleto también lleva el capelo, el sombrero de ala ancha que identifica a los cardenales. Nadie escapa al ejército de esqueletos que lo asola todo. Ninguno escapa a la muerte, que siempre triunfa, aunque algunos intenten hacerse los distraídos: dos jóvenes que juegan a las cartas o dos amantes que están a lo suyo, son algunas de las figuras de la pintura que no se dan cuenta de lo que está por venir.

Bruegel el Viejo, además, pinta muchos símbolos que de manera explícita hablan de lo frágil y fugaz que es la existencia. Como ejemplo, una mujer que se ha caído de un carro y lleva en la mano un huso y una rueca, alegorías de la vida. Otra mujer sostiene un hilo que va a ser cortado con unas tijeras, en alusión a unos personajes del mundo clásico, las Moiras o Parcas, que eran las personificaciones del destino. Eran tres: Cloto, que hilaba un hilo con una rueca y un huso, representando la vida de una persona; Láquesis, que medía con su vara la longitud del hilo de la vida; y por último Átropos, a quien hace alusión la figura de la mujer con las tijeras, la que cortaba el hilo de la vida. Ella elegía la forma en la que fallecía la persona, y eso es lo que se ve en la pintura: el final de la vida de esta mujer que sostiene el hilo que va a ser cortado.

Apocalipsis
El significado de “El triunfo de la muerte” se ha relacionado con el tema del apocalipsis, concretamente con la apertura del cuarto sello que aparece reflejado en el libro de las “Revelaciones” o “Apocalipsis de san Juan”. En él se habla de un caballo amarillo montado por la Muerte y seguido por el infierno. Se dice literalmente: “Apareció un caballo amarillento. El jinete se llamaba Muerte, y el Infierno lo seguía de cerca. Y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra para matar con espada, con hambre, con mortandad y con bestias de la tierra”. Es decir, sería uno de los Jinetes del Apocalipsis arrasando la tierra.
También se pueden ver tres esqueletos tocando la trompeta. Si se sigue el texto del Apocalipsis, cuando el primer ángel tocó la trompeta cayó el fuego sobre la tierra y se quemaron los árboles y la hierba verde. Cuando tocó el segundo ángel, la tercera parte del mar se convirtió en sangre, murieron los peces y las naves fueron destruidas. Eso es lo que se aprecia en la esquina superior izquierda de la pintura de Bruegel.
Y cuando tocó el tercer ángel, la estrella Ajenjo cayó y las aguas se envenenaron muriendo muchos hombres.

La inspiración de la pintura
Para la realización de esta pintura, Bruegel seguramente buscó inspiración en un libro que se puso de moda en su época, el “Hieroglyphica” de Horapolo, que tenía 189 explicaciones a los jeroglíficos egipcios. En realidad, se discute si Horapolo existió, pero, de haber sido un personaje histórico, se trataría de un escritor del siglo IV.
Está considerado, por tanto, uno de los últimos representantes del sacerdocio pagano del antiguo Egipto.
A Horapolo se le atribuye una versión muy libre para explicar la escritura jeroglífica. De hecho, hasta el siglo XIX no fue posible leer los jeroglíficos egipcios, y fue gracias al francés François Champollion, que descifró los textos de la Piedra de Rosetta.
Por tanto, este libro de Horapolo no es una traducción científica. El “Hieroglyphica” aparece en 1419 en la isla de Andros, en Grecia, y fue Cristoforo Buondelmonti quien lo llevó a Florencia. Hoy en día se custodia en la Biblioteca Laurenciana, famosa por sus 11.000 manuscritos y la maravillosa escalinata de acceso que construyó en ella Miguel Ángel. Se publicó traducido al latín, italiano y francés, y se puso de moda en el siglo XVI, cuando circulaban muchas copias por toda Europa.
Los pintores lo empezaron a usar porque se consideró un buen recurso intelectual para plasmar conceptos con ideogramas. Es decir, eran imágenes parlantes que tenían una simbología muy clara. Por ejemplo, si se observa el carro lleno de calaveras llevado por esqueletos referido anteriormente, se ve que encima del caballo hay un cuervo, un animal de muy mal agüero desde antiguo.
El mito cuenta cómo Apolo tenía una amante de nombre Coronis, que le fue infiel con un joven tesalio. Fue avisado de la traición por un cuervo, animal que en ese momento tenía el plumaje blanco. Apolo, enfadado, castigó al mensajero convirtiéndolo en negro y haciéndole portador de malos presagios.
Y en el “Hieroglyphica” de Horapolo aparece esa idea cuando habla de que “un cuervo nocturno que representa muerte se acerca de pronto”.

En conclusión, la obra de Pieter Bruegel el Viejo es una pintura moralizante que quiere enseñarnos, principalmente, que la muerte triunfa sobre todas las cosas mundanas. Está simbolizado por esa figura seguida de sus huestes arrasando la tierra. Y llega a todos, acaba con todo. Con el noble, con el religioso y con el campesino.
Pero también con el amante que vive su felicidad al margen de los males del mundo. En la Edad Media se tenía claro que la muerte no se podía separar de la vida, que forman parte de un mismo todo. Esta es la visión que en el siglo XVI todavía pesa en la interpretación de Bruegel. Es, en definitiva, una lucha entre vivos y muertos donde la muerte tiene todas las de ganar.

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